Solsticio de primavera
Poeta fiel al portal
Soy un hombre hermosamente feliz
en retazos,
de los que solo tengo recuerdos minutos antes
del amanecer.
Si el firmamento hablara,
lograría hacerme recordar la nostalgia
que siento cuando la balanza manifiesta,
su equilibrio.
Minúsculos granos de arena resbalan del cristal,
acuñan arbitrarios mi fortuna,
aplastándome como si el tiempo apurara.
Viendo las esquinas,
descubro lo precario que es el adobe.
Siento ráfagas aguardando en las esquinas,
escondidas entre las sombras de muertas calles.
Atacando siempre a traición,
desvelándome de la viscosa realidad
en la que creo fluir.
Petrificado me tiene las noches,
que en un sin fin de pensamientos fugaces,
atraviesan mi cabeza.
Golpeando furiosamente su encierro con mis puños,
creando remolinos de un constante estado liminal.
Quiero despertar algún día,
y que el sol naciente
no sea apabullante,
sino tenue y cálido.
Despertar y que lentamente el crepúsculo,
vaya vistiendo de escarlata
al ángel de mi guarda.
Despoblándome lentamente,
estirando sábanas de blanco pudor.
Deteniendo el tiempo,
en un abrazo lejano,
de los llantos que se escurren
entre los marcos de esta prisión.
en retazos,
de los que solo tengo recuerdos minutos antes
del amanecer.
Si el firmamento hablara,
lograría hacerme recordar la nostalgia
que siento cuando la balanza manifiesta,
su equilibrio.
Minúsculos granos de arena resbalan del cristal,
acuñan arbitrarios mi fortuna,
aplastándome como si el tiempo apurara.
Viendo las esquinas,
descubro lo precario que es el adobe.
Siento ráfagas aguardando en las esquinas,
escondidas entre las sombras de muertas calles.
Atacando siempre a traición,
desvelándome de la viscosa realidad
en la que creo fluir.
Petrificado me tiene las noches,
que en un sin fin de pensamientos fugaces,
atraviesan mi cabeza.
Golpeando furiosamente su encierro con mis puños,
creando remolinos de un constante estado liminal.
Quiero despertar algún día,
y que el sol naciente
no sea apabullante,
sino tenue y cálido.
Despertar y que lentamente el crepúsculo,
vaya vistiendo de escarlata
al ángel de mi guarda.
Despoblándome lentamente,
estirando sábanas de blanco pudor.
Deteniendo el tiempo,
en un abrazo lejano,
de los llantos que se escurren
entre los marcos de esta prisión.