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PESADILLA

Luis_Videla

Poeta adicto al portal
Lo despertó el jadeo, el murmullo de voz grave y palabrerío sin sentido.

En el momento que la abrazó en la cama, ella gritó. Ese grito era el rugido del espanto, el alarido alucinado de quien se ha hecho merecedor del infortunio de haberse asomado al infierno para mirar qué hay adentro.

–Era una pesadilla, querida... tranquila... tranquila. Ya pasó, ya está bien. Aquí estoy –dijo.

Le rodeo el cuerpo con los brazos, la acunó, le acarició el cabello y dejó que las lágrimas de ella le rodaran por el hombro y la espalda. Sintió el corazón palpitante pegado al suyo y el olor del miedo. Y es que las pesadillas llegaban –de noche en noche–, de la mano de los espectros, a la hora de los demonios.

El reloj despertador aseguraba que según su peculiar forma digital de interpretar el tiempo, eran las dos y media de la madrugada.

Cuando ella consiguió el mínimo sosiego, él se levantó de la cama. Se inclinó sobre su rostro, le besó la frente y después, en la cocina contigua, le preparó un té y se lo dio a beber primero a cucharadas y luego sorbo por sorbo –como a los niños–, hasta que la taza quedó vacía.

Mil caricias y quince minutos después, la mujer dormía, sosegada.

Entonces él, ahora insomne, rodeado por sus propios fantasmas, aterrado y solo para enfrentarlos, encendió el primer cigarrillo de la madrugada.


© 2005 by Luis Videla
 
Amigo Luis, creo que es la primera vez que opino en este foro
y es que tu escrito no me ha dejado que separe un instante mi vista de él.
Muy bueno, primero calmar la angustia ajena para luego esperar a tratar
de enfrentar su propia angustia (¡Fanstamas!).
Muy bueno compañero.
Un abrazo de amistad,

Carlos.
 
Espantas sus fantasmas con mil caricias, le das el té poco a poco, para que luego la noche te haga recordar a los tuyos y caigas preso de la angustía que has logrado hacer desaparecer. Hay entrega en tus palabras.
Simplemente mi reconocimiento y mi sentir por ellas.
Un beso y un abrazo,

Doménica.
 
Luis Videla dijo:
Lo despertó el jadeo, el murmullo de voz grave y palabrerío sin sentido.

En el momento que la abrazó en la cama, ella gritó. Ese grito era el rugido del espanto, el alarido alucinado de quien se ha hecho merecedor del infortunio de haberse asomado al infierno para mirar qué hay adentro.

–Era una pesadilla, querida... tranquila... tranquila. Ya pasó, ya está bien. Aquí estoy –dijo.

Le rodeo el cuerpo con los brazos, la acunó, le acarició el cabello y dejó que las lágrimas de ella le rodaran por el hombro y la espalda. Sintió el corazón palpitante pegado al suyo y el olor del miedo. Y es que las pesadillas llegaban –de noche en noche–, de la mano de los espectros, a la hora de los demonios.

El reloj despertador aseguraba que según su peculiar forma digital de interpretar el tiempo, eran las dos y media de la madrugada.

Cuando ella consiguió el mínimo sosiego, él se levantó de la cama. Se inclinó sobre su rostro, le besó la frente y después, en la cocina contigua, le preparó un té y se lo dio a beber primero a cucharadas y luego sorbo por sorbo –como a los niños–, hasta que la taza quedó vacía.

Mil caricias y quince minutos después, la mujer dormía, sosegada.

Entonces él, ahora insomne, rodeado por sus propios fantasmas, aterrado y solo para enfrentarlos, encendió el primer cigarrillo de la madrugada.


© 2005 by Luis Videla

Mi querido Luis, conozco este relato contado por vos asi que solo me resta decirte:Dejame conjurar esos fantasmas y desvanecer las sombras.
te besa en este medio día

Tu Lucecita
 
Quizás por amor, se hace uno cargo de los fantasmas del otro. ¿No te ha pasado? Si no lo viviste, no quieras ver de qué se trata, amigo mío. Gracias por tus conceptos. Y también fue, para mí, una verdadera alegría conocerte.
Un abrazo,

Luis
 
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