Mateo García Victoria
Poeta recién llegado
Quiero demostrar que existe la magia,
que existe algo grandioso y perfecto,
intento acercarme en cada texto,
intento rozar la gloria en cada verso
pero esta muy lejos, muy lejos de mi,
sin importar cuanto lo adorne y explaye
sin importar que solo sea un hombre,
empuñando mis lapices tan efímeros
buscando crear algo sublime y eterno.
Lo he dibujado con letras en mi mente
pero ninguna quiere viajar hasta el papel,
va más lejos que cualquier bella musa
dando motivo y razón a mi vaga existencia,
sufriendo el síndrome de abstinencia y
obsesionado, enfermizo, sigo viviendo,
viviendo por ello, respirando poesía,
oliendo mi casa a folios en cada rincón,
quince años que solo he vivido aquí y
solo hace cuatro desde que te conocí,
cientos y cientos de tus trozos esparcidos,
horas y horas dedicadas, buscándote,
frustrandome por no darte lo que tú mereces,
abandonando, dando todo por perdido,
sintiéndome inferior y a la vez tan grande,
tan poderoso cómo el rugido de un dragón
sintiéndome muerto y vivo, en el paraíso,
en el vacío, el perfecto infierno, inerte,
hasta soñando escribirte eternamente
levantar a Dios y al Diablo de sus tronos
para qué se arrodillen a contemplarte.
que existe algo grandioso y perfecto,
intento acercarme en cada texto,
intento rozar la gloria en cada verso
pero esta muy lejos, muy lejos de mi,
sin importar cuanto lo adorne y explaye
sin importar que solo sea un hombre,
empuñando mis lapices tan efímeros
buscando crear algo sublime y eterno.
Lo he dibujado con letras en mi mente
pero ninguna quiere viajar hasta el papel,
va más lejos que cualquier bella musa
dando motivo y razón a mi vaga existencia,
sufriendo el síndrome de abstinencia y
obsesionado, enfermizo, sigo viviendo,
viviendo por ello, respirando poesía,
oliendo mi casa a folios en cada rincón,
quince años que solo he vivido aquí y
solo hace cuatro desde que te conocí,
cientos y cientos de tus trozos esparcidos,
horas y horas dedicadas, buscándote,
frustrandome por no darte lo que tú mereces,
abandonando, dando todo por perdido,
sintiéndome inferior y a la vez tan grande,
tan poderoso cómo el rugido de un dragón
sintiéndome muerto y vivo, en el paraíso,
en el vacío, el perfecto infierno, inerte,
hasta soñando escribirte eternamente
levantar a Dios y al Diablo de sus tronos
para qué se arrodillen a contemplarte.