Navecita
Poeta veterano/a en el portal
Quise venderle al mundo mi último suspiro
pero lo compró el tipo que me silbó en la esquina.
Casualmente enredé los tacones en su cremallera
y por cinco eternos segundos,
fui una dama decente.
Intenté disimular mi cara de vulgaridad
impaciente por morder el pedazo de
souvenir
que se instaló ante mis ojos,
pero el par de billetes se desvió
hacia la precipitada suerte del tipo que a esas alturas,
ya no silbaba.
Me agarré al tipo,
al poste sin ampolleta,
al grillo que saltó en mi espalda
y al perro que intentaba morderle el culo.
-el perro tenía cola grande-
Ajustadas las cuentas,
me lancé a un charco de agua
para lavar los restos que no alcanzaron a entrar
y saltó el grillo medio vivo, medio muerto.
Pasó una perra oliendo a días fértiles
y el tipo se fue tras ella.
Me quedé con el de cola grande y un par de billetes mojados.
Paré de gozar cuando me empezó a doler la lengua
y me quité el piercing.