Luis Á. Ruiz Peradejordi
Poeta que considera el portal su segunda casa
Peregrino. Bordón y venera. Cualquier camino. A otros paisajes, a otras tierras. Anhelo de soles diferentes, de vastos mares. Más allá, tras los montes, avanzando horizontes, dejando piélagos, sobrepasando parameras.
Peregrino, romero, palmero, que busca Santiagos, Romas y cualquier Jerusalén. Caminante que busca nuevos hombres, corazones generosos, el lugar donde fenecen la envidia y el odio.
Polvo y lodo para mis pies. Polvo de todos los senderos. Lodo de estrellas, peregrino de la Vía Láctea. Barros y arcillas en la suela de mi calzado. Tierra madre que nos conforma, nos hace a su imagen.
Buscando, siempre buscando, ansiando luz, nubes de algodón en el cielo, el vuelo de las golondrinas, los campos en flor.
Me cubrirá la sombra de los alisos, conoceré el mágico entorno del terebinto. Jalonarán mi caminar hayas y fresnos. Cobijo encontraré en el acebo. Alimento serán las hojas del saúco. Siempre verdes, perennes, tocaré mi cabeza con corona entretejida de ramas de laurel.
Senderos que guardan huellas. Caminos que se abren al paso decidido y vuelven a cerrarse detrás. Estelas de rocío en la mañana de los campos. Caminante de luz, enamorado.
Peregrino en busca de tierras. Tierras de amor y primavera. Peregrino. Siempre.
Peregrino, romero, palmero, que busca Santiagos, Romas y cualquier Jerusalén. Caminante que busca nuevos hombres, corazones generosos, el lugar donde fenecen la envidia y el odio.
Polvo y lodo para mis pies. Polvo de todos los senderos. Lodo de estrellas, peregrino de la Vía Láctea. Barros y arcillas en la suela de mi calzado. Tierra madre que nos conforma, nos hace a su imagen.
Buscando, siempre buscando, ansiando luz, nubes de algodón en el cielo, el vuelo de las golondrinas, los campos en flor.
Me cubrirá la sombra de los alisos, conoceré el mágico entorno del terebinto. Jalonarán mi caminar hayas y fresnos. Cobijo encontraré en el acebo. Alimento serán las hojas del saúco. Siempre verdes, perennes, tocaré mi cabeza con corona entretejida de ramas de laurel.
Senderos que guardan huellas. Caminos que se abren al paso decidido y vuelven a cerrarse detrás. Estelas de rocío en la mañana de los campos. Caminante de luz, enamorado.
Peregrino en busca de tierras. Tierras de amor y primavera. Peregrino. Siempre.