IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
Y así como el cielo cae,
el suelo se sale de su realidad,
el eje de la armonía se retuerce,
aguantando todo el odio que va,
hundiendo nuestra fe,
oraciones
más gigantes que cualquier pesar,
cerradas son sus noches,
como días sin luz,
como luces sin claridad,
como fuego sin calor,
tibiezas vacías de nuevos abrazos,
tiñen al mundo
de gélidos umbrales álmicos,
frialdad que parece calentarnos,
las costumbres de voluntades condenadas,
son supuesto amor para el débil,
son temor para el fuerte,
son sentencia para el rebelde,
¿qué más profundo que el saber?
porque no sabemos nuestra suerte,
hasta que la muerte
deje de cubrirnos los ojos,
apreciaremos
un destino
más oscuro que cualquier perdición,
cuando comprendamos
que nos quitan de las manos
más que una vida,
que toda cima hemos de perder,
en un sendero
destinado al abandono
de cada paso,
de cada certeza que fue,
ahora regla incuestionable,
ahora irremediable olvido.
el suelo se sale de su realidad,
el eje de la armonía se retuerce,
aguantando todo el odio que va,
hundiendo nuestra fe,
oraciones
más gigantes que cualquier pesar,
cerradas son sus noches,
como días sin luz,
como luces sin claridad,
como fuego sin calor,
tibiezas vacías de nuevos abrazos,
tiñen al mundo
de gélidos umbrales álmicos,
frialdad que parece calentarnos,
las costumbres de voluntades condenadas,
son supuesto amor para el débil,
son temor para el fuerte,
son sentencia para el rebelde,
¿qué más profundo que el saber?
porque no sabemos nuestra suerte,
hasta que la muerte
deje de cubrirnos los ojos,
apreciaremos
un destino
más oscuro que cualquier perdición,
cuando comprendamos
que nos quitan de las manos
más que una vida,
que toda cima hemos de perder,
en un sendero
destinado al abandono
de cada paso,
de cada certeza que fue,
ahora regla incuestionable,
ahora irremediable olvido.