Âme Noire
Poeta recién llegado
Penumbra.
Las cuerdas, el órgano… Mi canto.
Las notas, fluyen, sangre de mi cuerpo agrietado.
Abandonan el cáliz de mi instrumento. Como las lágrimas, ruedan por mis mejillas.
Yo y mi flauta. La plata de la prolongación de mi ser brillando en la luna que se cuela por la ventana abierta a la nocturnidad. Gimiendo en tu busca… ¿Escuchas mi grito desesperado? ¿Puedes sentir cómo se funde la cadencia?
Silencio.
De nuevo, el tímido resquicio de la tiniebla de las notas más graves… responden a lo que me ha parecido el eco de tus pasos… agudo, sube, resuena…
Escucha cómo se rompe mi alma para escapar por el cuerpo bruñido de la flauta.
Intento desesperado de llegar a tus oídos lejanos.
Sí, soy yo, es mi alarido arrancado del fondo de mis entrañas.
El chelo, la viola y el violín, se unen a mi desespero. Confieren las tonalidades fúnebres a mi himno.
Presta atención, te envío mi espíritu, mi aliento, mis ansias…
Ese sonido agudo es mi voz resquebrajada por el desconsuelo.
Esa melodía mis manos tratando de alcanzarte,
esas últimas notas que parecen querer rozar el cielo y huyen de mis pulmones son mis dedos luchando por acariciar tus mejillas,
corriendo prestos por las almohadillas de espuma,
tratando de no perder el ritmo de la música.
Mutismo, quietud, elipsis…
La incisión del órgano nuevamente desgrana el reguero de sangre,
sangre que corre por mis yemas callosas, luchando por no detener la frenética reyerta con las teclas de argento.
El arroyo de carmín que se desliza hasta mis codos, alzados,
sosteniendo la vara como espada para combatir la distancia.
Las notas suben, escalan, trepan en el escalafón hacia lo brioso…
Adagio, andante, presto, alegro, ¡vivace!
Todo calla, mi pecho se hunde, exhalo el último suspiro,
los contrabajos enmudecen, las lágrimas se detienen,
el órgano pesa en su afonía…
Abre tus sentidos a mi ruego cadencioso…
Y se alza débil, inaudible, mi último intento,
camuflado en forma de bemol…
No sé si lo escuchas,
no sé si lo has guardado junto a tu pecho…
Es mi única ofrenda.
Y así, termina,
me ahogo, enmudezco.
Bajo las manos y observo sus heridas.
Déjame llorar ahora que mi instrumento descansa.
Si no ha llegado mi música… Tal vez te roce mi llanto.
Déjame lamentar ahora que todo es de nuevo silencio,
ahora que, de nuevo, todo es penumbra.
Sincèrement,
Âme Noire
PS: No se si este texto está bien situado, no se si calificarlo como prosa poética, realmente lo considero un poema pero no puedo sentenciar como cierta esta suposición. Si algún moderador cree consecuente cambiar mi subscripción de apartado tiene uso libre para hacerlo.
Es más, disculpen tener que molestarlos para hacerlo.
Las cuerdas, el órgano… Mi canto.
Las notas, fluyen, sangre de mi cuerpo agrietado.
Abandonan el cáliz de mi instrumento. Como las lágrimas, ruedan por mis mejillas.
Yo y mi flauta. La plata de la prolongación de mi ser brillando en la luna que se cuela por la ventana abierta a la nocturnidad. Gimiendo en tu busca… ¿Escuchas mi grito desesperado? ¿Puedes sentir cómo se funde la cadencia?
Silencio.
De nuevo, el tímido resquicio de la tiniebla de las notas más graves… responden a lo que me ha parecido el eco de tus pasos… agudo, sube, resuena…
Escucha cómo se rompe mi alma para escapar por el cuerpo bruñido de la flauta.
Intento desesperado de llegar a tus oídos lejanos.
Sí, soy yo, es mi alarido arrancado del fondo de mis entrañas.
El chelo, la viola y el violín, se unen a mi desespero. Confieren las tonalidades fúnebres a mi himno.
Presta atención, te envío mi espíritu, mi aliento, mis ansias…
Ese sonido agudo es mi voz resquebrajada por el desconsuelo.
Esa melodía mis manos tratando de alcanzarte,
esas últimas notas que parecen querer rozar el cielo y huyen de mis pulmones son mis dedos luchando por acariciar tus mejillas,
corriendo prestos por las almohadillas de espuma,
tratando de no perder el ritmo de la música.
Mutismo, quietud, elipsis…
La incisión del órgano nuevamente desgrana el reguero de sangre,
sangre que corre por mis yemas callosas, luchando por no detener la frenética reyerta con las teclas de argento.
El arroyo de carmín que se desliza hasta mis codos, alzados,
sosteniendo la vara como espada para combatir la distancia.
Las notas suben, escalan, trepan en el escalafón hacia lo brioso…
Adagio, andante, presto, alegro, ¡vivace!
Todo calla, mi pecho se hunde, exhalo el último suspiro,
los contrabajos enmudecen, las lágrimas se detienen,
el órgano pesa en su afonía…
Abre tus sentidos a mi ruego cadencioso…
Y se alza débil, inaudible, mi último intento,
camuflado en forma de bemol…
No sé si lo escuchas,
no sé si lo has guardado junto a tu pecho…
Es mi única ofrenda.
Y así, termina,
me ahogo, enmudezco.
Bajo las manos y observo sus heridas.
Déjame llorar ahora que mi instrumento descansa.
Si no ha llegado mi música… Tal vez te roce mi llanto.
Déjame lamentar ahora que todo es de nuevo silencio,
ahora que, de nuevo, todo es penumbra.
Sincèrement,
Âme Noire
PS: No se si este texto está bien situado, no se si calificarlo como prosa poética, realmente lo considero un poema pero no puedo sentenciar como cierta esta suposición. Si algún moderador cree consecuente cambiar mi subscripción de apartado tiene uso libre para hacerlo.
Es más, disculpen tener que molestarlos para hacerlo.