ojosverdes
Poeta asiduo al portal
Tu vida se compone de fracasos, de anhelos, de amores no correspondidos, de pasiones, de deseos compartidos. Hoy creo que si hay una vida que vale la pena es aquella en la que sólo una chispa hace falta para llenar el hueco que algunas personas dejan. Y sólo una chispa hace falta para mudar una existencia, una mente, convertirla en algo que nunca creyó porque ni siquiera había pensado en ello.
Vivimos saturados de cosas que aprendemos, que nos obligan a aprender, y sin embargo, aquello que conviniéramos saber, compartir y disfrutar, no lo vemos. Pero tuviste que llegar tú como un torbellino, para hacerme ver que las cosas no son lo que parecen, que las personas son lo más valioso que podemos disfrutar, porque poseerlas no podemos.
Sólo debería estarnos permitido gozar de su compañía cuando la tenemos, no debemos demandar más que eso para no aprisionar con la posesión a un espíritu libre.
Porque eso eres tú, un espíritu que se presenta cuando quiere, entras y sales de mi existencia sin que yo pueda controlarlo y, eso es lo que más me gusta de ti. No hay compromiso claro, no hay obligaciones, sólo el destino que cuando quiere hace que nos advirtamos. Disfrutar de unos minutos de bienhechora compañía, para luego desvanecerse hasta la próxima fecha, que ninguna vez sabemos cuando concurrirá.
Nunca se deberían planear los momentos de goce. Un efímero diálogo, una mirada y un beso son capaces de colmar momentos, pequeños momentos que antes no éramos capaces de disfrutar.
Pero eso aprendí de ti, no importa el tiempo que estés con alguien, ni lo que hagas, lo trascendente es que te deleites mientras dura. Y eso es lo que descubro contigo, quizá tú no te des cuenta, pero esos minutos son un destello de bienestar en un día insubstancial.
Hay que ver qué pensamientos me sobrevienen a las cuatro de la madrugada. Ya ves, una noche productiva, horas sisadas al sueño y hace tiempo que no me sucedía. Pero suele ser así, lo mejor que he escrito lo he hecho de amanecida, lo que parece que para la creación, para los pensamientos relativos a la vida es mejor apartarse del mundo que nos envuelve ¿no crees?. No hay interferencias, ni tele, ni trabajo, ni vida acelerada, ni obligaciones, sólo el níveo papel, la pluma y mi imaginación que vuelve a ser la de antes.
Cómo es posible que mi cerebro se empeñe en despertarme a estas horas para sentarme a escribir. ¿No estás al tanto que mañana o mejor dicho hoy tengo que trabajar? ¿No te das cuenta que voy a estar sonámbula todo el día?. Pero a ti, eso no te interesa. Sólo quieres delatar lo que arrastras interiormente y hasta que no lo hagas no dejarás que sueñe.
Definitivamente no soy libre, estoy condenada a que mi cerebro y mi mano dispongan de mi persona cuando se les antoja, no importa la hora que sea. Lo primordial, es que hasta que no lo vacíe en un escrito no estarán satisfechos, porque claro, dejárselo al recuerdo es una táctica resbaladiza, luego olvidas lo que querías decir.
Qué bien me conoces, mi memoria no es muy buena últimamente. Está bien que me mandes a escribir, pero la próxima vez hazlo a una hora más conveniente, recuerda que eres fragmento de un todo que requiere tregua nocturna.
En fin, una vez terminado este párrafo te obligaré a dejarlo, dormitar es preciso para que en unas escasas horas retornes a ojear lo que has escrito, y poder tirarlo a la papelera si entiendes que son simplezas o no responde a tus expectativas.
Si bien te puedes llevar la sorpresa, no sería la primera vez, de que te relamas de gusto, aunque conociéndote le descubrirás mil correcciones y es probable que lo amontones en el cajón de los imposibles y no le procures más atención. Ese es el riesgo de un cerebro que pretende ser independiente y que tarde o temprano será subordinado a la voluntad. Veremos que pasa al alba.
Vivimos saturados de cosas que aprendemos, que nos obligan a aprender, y sin embargo, aquello que conviniéramos saber, compartir y disfrutar, no lo vemos. Pero tuviste que llegar tú como un torbellino, para hacerme ver que las cosas no son lo que parecen, que las personas son lo más valioso que podemos disfrutar, porque poseerlas no podemos.
Sólo debería estarnos permitido gozar de su compañía cuando la tenemos, no debemos demandar más que eso para no aprisionar con la posesión a un espíritu libre.
Porque eso eres tú, un espíritu que se presenta cuando quiere, entras y sales de mi existencia sin que yo pueda controlarlo y, eso es lo que más me gusta de ti. No hay compromiso claro, no hay obligaciones, sólo el destino que cuando quiere hace que nos advirtamos. Disfrutar de unos minutos de bienhechora compañía, para luego desvanecerse hasta la próxima fecha, que ninguna vez sabemos cuando concurrirá.
Nunca se deberían planear los momentos de goce. Un efímero diálogo, una mirada y un beso son capaces de colmar momentos, pequeños momentos que antes no éramos capaces de disfrutar.
Pero eso aprendí de ti, no importa el tiempo que estés con alguien, ni lo que hagas, lo trascendente es que te deleites mientras dura. Y eso es lo que descubro contigo, quizá tú no te des cuenta, pero esos minutos son un destello de bienestar en un día insubstancial.
Hay que ver qué pensamientos me sobrevienen a las cuatro de la madrugada. Ya ves, una noche productiva, horas sisadas al sueño y hace tiempo que no me sucedía. Pero suele ser así, lo mejor que he escrito lo he hecho de amanecida, lo que parece que para la creación, para los pensamientos relativos a la vida es mejor apartarse del mundo que nos envuelve ¿no crees?. No hay interferencias, ni tele, ni trabajo, ni vida acelerada, ni obligaciones, sólo el níveo papel, la pluma y mi imaginación que vuelve a ser la de antes.
Cómo es posible que mi cerebro se empeñe en despertarme a estas horas para sentarme a escribir. ¿No estás al tanto que mañana o mejor dicho hoy tengo que trabajar? ¿No te das cuenta que voy a estar sonámbula todo el día?. Pero a ti, eso no te interesa. Sólo quieres delatar lo que arrastras interiormente y hasta que no lo hagas no dejarás que sueñe.
Definitivamente no soy libre, estoy condenada a que mi cerebro y mi mano dispongan de mi persona cuando se les antoja, no importa la hora que sea. Lo primordial, es que hasta que no lo vacíe en un escrito no estarán satisfechos, porque claro, dejárselo al recuerdo es una táctica resbaladiza, luego olvidas lo que querías decir.
Qué bien me conoces, mi memoria no es muy buena últimamente. Está bien que me mandes a escribir, pero la próxima vez hazlo a una hora más conveniente, recuerda que eres fragmento de un todo que requiere tregua nocturna.
En fin, una vez terminado este párrafo te obligaré a dejarlo, dormitar es preciso para que en unas escasas horas retornes a ojear lo que has escrito, y poder tirarlo a la papelera si entiendes que son simplezas o no responde a tus expectativas.
Si bien te puedes llevar la sorpresa, no sería la primera vez, de que te relamas de gusto, aunque conociéndote le descubrirás mil correcciones y es probable que lo amontones en el cajón de los imposibles y no le procures más atención. Ese es el riesgo de un cerebro que pretende ser independiente y que tarde o temprano será subordinado a la voluntad. Veremos que pasa al alba.