Bolivar F. Martinez
Poeta adicto al portal
Patria mía
¡Patria mía!
¿cuántas veces rodaras por la pendiente
hasta encontrarle fondo al profundo abismo?
Fecunda, desvaneces, convulsionas,
tienes dolor de parto, pero tus hijos
no todos crecerán, pues tus venéros
te los van agotando los malvados
que se enriquecen royendo tus entrañas
para obtener sus propios beneficios.
¡Patria mía!
mi padre habló de tí con la esperanza
de que fuera tu futuro más florido;
habló de tus riquezas, de tus bondades,
y desde su niñez te miraba bonita
como una flor del campo, como una margarita;
y ya después adulto, ariete su palabra,
se hizo defensor de tantas causas justas
al tenerte por madre en su orfandad temprana.
¡Patria mía!
¿cual será tu futuro si se agota
lo que oculta tu suelo en lo profundo?
los grandes yacimientos de las breas
que cuya formación tomara tanto tiempo,
te los van extrayendo a ritmo acelerado
y en un lapso finito no quedará más nada,
y poco se vislumbran nuevas formas
que sirvan como fuentes de energía.
¡Patria mía!
¿cuándo tus hijos se habrán de respetar
viendo el valor que tienen sus hermanos?
si provenimos de culturas conquistadas,
al rescatar la historia de las mismas
entonces glorificamos nuestra raza cobriza; mas si nosotros mismos nos ofendemos,
¿acaso no sufrimos cuando nos discriminan?
¡Patria mía!
de tí se alejan niños, hombres y mujeres
que buscan progresar allende el río;
en un camino escabroso, de calvario,
al que riegan con lágrimas y sangre,
con un miedo constante, sed y hambre,
perseguidos en todas la fronteras
tanto por guardias como por rufianes,
como tenaz tarea y como un vicio.
¡Patria mía!
muchos de aquellos que lograron hallar
en otro suelo el refugio anhelado;
por tratar de tener el sueño americano,
se vuelven casi esclavos de otras gentes, cuando otros grupos los miran enemigos,
porque su mano de obra es más barata
aunque se emplean para hacer labores
que por ser agobiantes otros rechazan.
¡Patria mía!
ten paciencia y confía que de los ausentes
muchos volverán un día,
para poner ante tus plantas sus presentes;
y los que nó, con voz entrecortada
con garganta cerrada, hablarán a sus hijos, hablaran a sus hijas, nietos y nietas,
de las grandes bellezas que te adornan
para que estos dignamente representen
tus grandes tradiciones y tu grande valía.
¡Patria mía! ¡Patria mía!
¡Bendita seas, Patria mía!
¡Patria mía!
¿cuántas veces rodaras por la pendiente
hasta encontrarle fondo al profundo abismo?
Fecunda, desvaneces, convulsionas,
tienes dolor de parto, pero tus hijos
no todos crecerán, pues tus venéros
te los van agotando los malvados
que se enriquecen royendo tus entrañas
para obtener sus propios beneficios.
¡Patria mía!
mi padre habló de tí con la esperanza
de que fuera tu futuro más florido;
habló de tus riquezas, de tus bondades,
y desde su niñez te miraba bonita
como una flor del campo, como una margarita;
y ya después adulto, ariete su palabra,
se hizo defensor de tantas causas justas
al tenerte por madre en su orfandad temprana.
¡Patria mía!
¿cual será tu futuro si se agota
lo que oculta tu suelo en lo profundo?
los grandes yacimientos de las breas
que cuya formación tomara tanto tiempo,
te los van extrayendo a ritmo acelerado
y en un lapso finito no quedará más nada,
y poco se vislumbran nuevas formas
que sirvan como fuentes de energía.
¡Patria mía!
¿cuándo tus hijos se habrán de respetar
viendo el valor que tienen sus hermanos?
si provenimos de culturas conquistadas,
al rescatar la historia de las mismas
entonces glorificamos nuestra raza cobriza; mas si nosotros mismos nos ofendemos,
¿acaso no sufrimos cuando nos discriminan?
¡Patria mía!
de tí se alejan niños, hombres y mujeres
que buscan progresar allende el río;
en un camino escabroso, de calvario,
al que riegan con lágrimas y sangre,
con un miedo constante, sed y hambre,
perseguidos en todas la fronteras
tanto por guardias como por rufianes,
como tenaz tarea y como un vicio.
¡Patria mía!
muchos de aquellos que lograron hallar
en otro suelo el refugio anhelado;
por tratar de tener el sueño americano,
se vuelven casi esclavos de otras gentes, cuando otros grupos los miran enemigos,
porque su mano de obra es más barata
aunque se emplean para hacer labores
que por ser agobiantes otros rechazan.
¡Patria mía!
ten paciencia y confía que de los ausentes
muchos volverán un día,
para poner ante tus plantas sus presentes;
y los que nó, con voz entrecortada
con garganta cerrada, hablarán a sus hijos, hablaran a sus hijas, nietos y nietas,
de las grandes bellezas que te adornan
para que estos dignamente representen
tus grandes tradiciones y tu grande valía.
¡Patria mía! ¡Patria mía!
¡Bendita seas, Patria mía!
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