MAO DIAZ
Poeta recién llegado
Arranca del silencio perpetuo,
ese grito de ansiedad, desasosiego,
mordisco en el labios,
Dejaos de mirar!
persigue la sangre que recorre el pasillo,
sentir el hundimiento,
el ser inquieto,
en la penumbra... a mano el martillo.
A orillas del ser de negro,
sombras en la habitación,
por la paredes, son los burlones,
no me alegro,
Me entran los temores,
los daños,
el descuido de tu cerebro,
me siento entonces herodes,
y no quiero verlo, me enhebro
Entre todas las ranuras abiertas,
en todas mis heridas,
para esconderme dentro,
para no salir de ellas,
y rodeado de dolor
me quedo para verlos,
ciego, me siento a entenderlos.
Desde la penumbra de estos pasillos,
primero me siento,
luego me tumbo,
y ahora me duermo.
ese grito de ansiedad, desasosiego,
mordisco en el labios,
Dejaos de mirar!
persigue la sangre que recorre el pasillo,
sentir el hundimiento,
el ser inquieto,
en la penumbra... a mano el martillo.
A orillas del ser de negro,
sombras en la habitación,
por la paredes, son los burlones,
no me alegro,
Me entran los temores,
los daños,
el descuido de tu cerebro,
me siento entonces herodes,
y no quiero verlo, me enhebro
Entre todas las ranuras abiertas,
en todas mis heridas,
para esconderme dentro,
para no salir de ellas,
y rodeado de dolor
me quedo para verlos,
ciego, me siento a entenderlos.
Desde la penumbra de estos pasillos,
primero me siento,
luego me tumbo,
y ahora me duermo.