Víctor Mileo
Poeta adicto al portal
La violenta otredad del dedo acusador
rancia llegada del intruso a tu raíl de vagones
Serpenteando oportunidades.
Te deja desgarrado como traje de bodas por
los perros rabiosos de la desdicha
inyectándose en la vena un cemento político
de familia con velcro.
El mutilar del desorden adverso,
deja la parálisis del cariño sin comerse
su pastel.
Y en el cementerio de la sangre,
la descendencia hereda la piedra de
las lápidas de los corazones no robados.
Su frialdad de iceberg hunde los trasatlánticos
del suicidio empotrados contra paredes de insumisión.
rancia llegada del intruso a tu raíl de vagones
Serpenteando oportunidades.
Te deja desgarrado como traje de bodas por
los perros rabiosos de la desdicha
inyectándose en la vena un cemento político
de familia con velcro.
El mutilar del desorden adverso,
deja la parálisis del cariño sin comerse
su pastel.
Y en el cementerio de la sangre,
la descendencia hereda la piedra de
las lápidas de los corazones no robados.
Su frialdad de iceberg hunde los trasatlánticos
del suicidio empotrados contra paredes de insumisión.
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