Martín Renán
Poeta adicto al portal
Héroe inanimado a la perfección en una tira cómica;
de días, el reloj
minimalista
en la máscara de un poema,
da señales de vida.
Instantáneas de insomnios
en el retrovisor,
y el obturador disparando
otra noche más.
A las 3.14 a.m. De noctambular en el cenicero,
el alma de poeta
tiende a rezar
con todas sus vidas,
de milagro olvidó su ataúd.
Coronado el sudor
de la carne,
el peón negro
desnuda el café matutino,
y peca
mismo barro
mirando el tótem en la pared
antes de partir.
En la refriega otro dios vengativo toma (mi) lugar.
de días, el reloj
minimalista
en la máscara de un poema,
da señales de vida.
Instantáneas de insomnios
en el retrovisor,
y el obturador disparando
otra noche más.
A las 3.14 a.m. De noctambular en el cenicero,
el alma de poeta
tiende a rezar
con todas sus vidas,
de milagro olvidó su ataúd.
Coronado el sudor
de la carne,
el peón negro
desnuda el café matutino,
y peca
mismo barro
mirando el tótem en la pared
antes de partir.
En la refriega otro dios vengativo toma (mi) lugar.