Gianna
Poeta fiel al portal
Tened piedad de los que temen a la muerte,
No sois quien decidid nuestra partida,
Más todos correreis la misma suerte,
Lo etéreo me reclama, y ésta es la despedida.
El velo ancestral se ha consumado,
Lucho, reclamo, pero la voz insiste,
Traspasando voy el oscuro umbral de las tinieblas,
Que no terminará.
Mi alma vaga, debo atravesar ese sendero,
Mi fin ya estaba escrito, es mi turno,
Una especie de trance en torno al tiempo,
Y marcho resentido de todo lo que he sido,
banal, ligero, cruel, un crítico certero,
Implacable, egoísta, equivocado,
Que pudiendo dar tanto, nada me he llevado,
Y cuantos pensamientos acuden a mi mente,
De promesas rotas, y amargas despedidas,
El mandar y el servir, los vicios personales,
Honores y grandezas, todo lo ambicionado,
Y con una sola y profunda reverencia,
Se quedan atrás como cenizas vanas,
Iluminadas tenuemente por antorchas
Siluetas perfiladas, danzando en mi memoria.
Se opacan los recuerdos de una vida frágil,
Y fugaz como el brillo de una estrella,
Viví con tanta prisa, y me marcho con ella,
Mezcla de sinsabores y amando lo prohibido,
Cuantas cosas quedaron por hacer,
Arrepentimientos, besos no recibidos,
Más ya termino el tiempo, ya todo está perdido.
Angeles celestiales acuden a mi encuentro
Veo la desnudez de las cosas materiales,
Y la imposibilidad del regreso a este mundo,
No me deja entender de la muerte, lo absurdo
Coros angelicales acompañan mis restos,
Y creo ver al pasar, borrosamente,
Amigos, familiares y parientes,
Que me vienen a dar la bienvenida.
Se oye el rumor de rezos y tañir de campanas,
Insomne mi pupila , yace mi cuerpo inerte,
Observo a éste o aquel, desde mi lenta muerte
escucho sus palabras,
Que nunca hubo el valor de ante mí pronunciarlas.
Voy buscando una luz, que ilumine el sendero,
De un desconocido viaje, pero perecedero,
Mas sombras, sólo sombras y tinieblas veo,
Es hora de hacer extravagancias,
Venid y dadle a mi cuerpo sepultura,
Seguid el ritual ya repetido,
Liberando mi alma de esta angustia,
Y dejádla marchar a lo desconocido.
Aún no estoy preparada para esta despedida.
Con solemnidad, permitidme la partida,
Dejadme conocer el rostro de mi muerte,
Allá en lo alto, de la montaña aquella,
está sentado EL, aguarda mi llegada,
es mi juicio final, seré juzgada.