BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Y escribes, al menos, para que
no te llegue el ruido, tremendo,
hostil, iracundo, de las implacables
televisiones, con su mundo caótico
y cada vez más ridículo- medio mundo
se derrumba, y al otro mundo, le escriben
cartas de amor-, a esta parte del imperio.
Y te pones música en voz baja, a ver si calman
y sanan las viejas heridas del nuevo régimen,
pero ni por esas: te encuentras
siempre, en el mismo sitio. Clavándote
un cuchillo cada vez que deseas o vives.
Y la música que escuchas, se destaca
como un vértice solitario entre tanta
añagaza, entre las trampas interminables
que el poder tiene
para extender sus virus-.
no te llegue el ruido, tremendo,
hostil, iracundo, de las implacables
televisiones, con su mundo caótico
y cada vez más ridículo- medio mundo
se derrumba, y al otro mundo, le escriben
cartas de amor-, a esta parte del imperio.
Y te pones música en voz baja, a ver si calman
y sanan las viejas heridas del nuevo régimen,
pero ni por esas: te encuentras
siempre, en el mismo sitio. Clavándote
un cuchillo cada vez que deseas o vives.
Y la música que escuchas, se destaca
como un vértice solitario entre tanta
añagaza, entre las trampas interminables
que el poder tiene
para extender sus virus-.