El ermitaño
Poeta recién llegado
Noche, que inundas de misterio los salones,
perdona mi grácil presencia;
déjame contemplar tu máscara de estrellas
para no ser sombra en los rincones.
Oh Luna, que en los lagos te revelas
como blanca gema,
comprende a este ser atribulado
que se baña en tu luz serena.
Noche que das albergue al errante,
permíteme viajar indómito
por los parajes caóticos del sueño.
Bosque, déjame ser una de tus criaturas,
fundirme con la salvaje floresta,
perderme en tu incierta penumbra.
¡Oh nocturnidad, oh dioses, déjenme!
Antes de que el alba llegue
con su claridad y me renueve.
perdona mi grácil presencia;
déjame contemplar tu máscara de estrellas
para no ser sombra en los rincones.
Oh Luna, que en los lagos te revelas
como blanca gema,
comprende a este ser atribulado
que se baña en tu luz serena.
Noche que das albergue al errante,
permíteme viajar indómito
por los parajes caóticos del sueño.
Bosque, déjame ser una de tus criaturas,
fundirme con la salvaje floresta,
perderme en tu incierta penumbra.
¡Oh nocturnidad, oh dioses, déjenme!
Antes de que el alba llegue
con su claridad y me renueve.
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