La infancia tiene sus propias maneras de ver, pensar y sentir.
Libélulas ambarinas alfombraban el cielo de la infancia
aquel vestido se tornaba un entramado de hilos mágicos
vapor de corolas suspendidas que esparcían sangre de luz
esquirlas de sueños que dormían en el musgo de las palmas
versos de azahares salvajes en las venas
memorias de unicornios albos deslizándose en las alas de la siesta cansina
cabelleras de sauces esculpían el secreto del aire
del viento prendado del agua en las nubes...
Libros, estíos de crayones
ofrendas de papel traslúcido en espirales de vida sin muerte
¿acaso ya conocía la arena verde mineral de tus rastros?
Fui creciendo en los espejos de luciérnagas migrantes
han pasado los actos de rutinas, con sus escuetos ritmos de tipeo en el gris
han transcurrido los siglos interiores al compás de manecillas de arena
sin embargo, sigo siendo atemporal
la tinta donde tu pluma se detiene para beber estrellas.
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Que edad aquella para soñar con tanta sensibilidad.
Unas líneas que recrean un espacio de tiempo con sensatez, solidez y transparencia.
Saludos