Al diablo la vida!
Me voy en las palmeras.
En la flota de màstiles, vigilantes de cielo.
A la màs abuela la cruzan veraneras,
violaceas, violaceas
flor de muerto como dicen las viejas.
Un fruto solitario con su licor transeùnte
en una isla ce cobre magullado.
Sus velas cansadas casi tocan el suelo,
no existen los retoños
y sus estribos filudos acusan la edad de la palmera.
Mejor, me voy en la vestal,
en la màs intacta, en la que se enredan peregrinas:
Escalones de hojas vìvidas para alcanzar la flor
que cuelga su sombrilla con su estilete rojo.
Es la savia ensalzada esta palmera!
Empinado màstil de alborotadas velas
chifladas por el viento.
Veinte alas chifladas por el viento!
Al diablo la vida!
Me voy de polizòn en sus racimos:
antiguas uvas de gigantes planetarios.
Me cobijo en su regazo fresco,
en su cama de oro y ventanas azules.
Sueño desde mi hamaca consejera
cargada de ficciones y de olores caducos...
Por esta vez viene con rostro dulce
la muerte pasajera.
Me voy en las palmeras.
En la flota de màstiles, vigilantes de cielo.
A la màs abuela la cruzan veraneras,
violaceas, violaceas
flor de muerto como dicen las viejas.
Un fruto solitario con su licor transeùnte
en una isla ce cobre magullado.
Sus velas cansadas casi tocan el suelo,
no existen los retoños
y sus estribos filudos acusan la edad de la palmera.
Mejor, me voy en la vestal,
en la màs intacta, en la que se enredan peregrinas:
Escalones de hojas vìvidas para alcanzar la flor
que cuelga su sombrilla con su estilete rojo.
Es la savia ensalzada esta palmera!
Empinado màstil de alborotadas velas
chifladas por el viento.
Veinte alas chifladas por el viento!
Al diablo la vida!
Me voy de polizòn en sus racimos:
antiguas uvas de gigantes planetarios.
Me cobijo en su regazo fresco,
en su cama de oro y ventanas azules.
Sueño desde mi hamaca consejera
cargada de ficciones y de olores caducos...
Por esta vez viene con rostro dulce
la muerte pasajera.