Chrix
Poeta que considera el portal su segunda casa
La vedeja peinando las sombras,
se confunden con tu famélico corsé.
Desde los musgos el ramo de hollín
se hace pétalo entre tus dedos.
Quebradas uñas marchitas de soledad,
todo parte de un claroscuro cliché.
Ya tus pómulos son dagas entumecidas,
y tu rímel desteñido por tu cavernosa mirada
no menos que tu latido de células suicidas,
besaron los candelabros, las velas derretidas,
más muertas que el oxígeno que las hace esculturas.
Todo se dispone a invitarte a morir sobre esas
rosas negras que crecen en tus dientes,
rezar con la cruz al revés,
novia de la oscuridad, el rubor olió a sangre coagulada,
y tu rostro macilento se preparó para la radiografía
de boda, dulce clisé recordando suicidio.
Vetustos muebles hacen juego con los huesos
escondidos bajo tu anoréxica piel.
Invitando a la boda de vendas sucias y carne podrida.
Saboreando los vencidos jugos del amor ulcerado,
una bóveda fría con inscripción final,
luna de miel ácida y silenciosa,
alcoba sin salida me amaras en la eternidad,
mientras el morbo de tu sexo viva.
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