Otra vez... un piano ha arrancado pedazos de pared. Desgarrando con notas sentimientos, mesa y mantel.
Y de nuevo las copas se han vaciado dejando garabatos de poemas no terminados en manteles, servilletas y trastos.
Se repite la escena: Yo escribiendo y los meseros afanando, con su prisa cotidiana por terminar un día de trabajo.
Intercambio miradas de complicidad con el viejo pianista del bar... que fumando aguardaba acariciando las teclas, amarillas de tan viejas. Toma mis notas y se pone a silbar. Le brillan los ojos cuando da con palabras que le pueden inspirar.
Chasquea los dedos y todo se vuelve serenidad. Hasta los meseros dejan su actividad para escuchar como esas manos en su volar arrancan nuevas partes del tablado.
El viejo pianista tocando y las lágrimas de ambos el suelo bautizando... parece que el hombre vuela entre acordes... me acercan un micrófono y tarareo junto a él las notas que han nacido en un intercambio de pautas y mucha quema de cerebro.
Aparece una guitarra y se une al momento... de pronto es un canto de dos viejos amantes del amor y sentimiento.
El sol acusa un nuevo amanecer y nadie se ha ido.
Otros comensales llenaron las mesas por escuchar como se unen palabras, tonadas y alma.
Terminamos las canciones improvisadas, levantamos las copas y decimos a una sola voz:
“Por las damas”
Y de nuevo las copas se han vaciado dejando garabatos de poemas no terminados en manteles, servilletas y trastos.
Se repite la escena: Yo escribiendo y los meseros afanando, con su prisa cotidiana por terminar un día de trabajo.
Intercambio miradas de complicidad con el viejo pianista del bar... que fumando aguardaba acariciando las teclas, amarillas de tan viejas. Toma mis notas y se pone a silbar. Le brillan los ojos cuando da con palabras que le pueden inspirar.
Chasquea los dedos y todo se vuelve serenidad. Hasta los meseros dejan su actividad para escuchar como esas manos en su volar arrancan nuevas partes del tablado.
El viejo pianista tocando y las lágrimas de ambos el suelo bautizando... parece que el hombre vuela entre acordes... me acercan un micrófono y tarareo junto a él las notas que han nacido en un intercambio de pautas y mucha quema de cerebro.
Aparece una guitarra y se une al momento... de pronto es un canto de dos viejos amantes del amor y sentimiento.
El sol acusa un nuevo amanecer y nadie se ha ido.
Otros comensales llenaron las mesas por escuchar como se unen palabras, tonadas y alma.
Terminamos las canciones improvisadas, levantamos las copas y decimos a una sola voz:
“Por las damas”
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