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¿Oyes los ecos de libertad, Diana?

DAMAMISTERIOSA

Borracha Reconocida
“No es tan díficil, no es díficil, conocer el secreto del mundo.

Tener esa llave, que no está oculta en los bosques de las gorgonas, o en los pináculos de Argel,
está ahí, al frente, sacándote la lengua, diciéndote ¡oye, oye!... “






(Oscar King Alpaca)





Babel se despertaba ayer
sobre mis pómulos de grana
y llanto de violonchelo,
cascada de nepente,
brazos de fragata y
hielo seco.


A las tres de la madrugada
hundía mi cabeza en una almohada
de duendes campaneros y
ahorcados, su yermo abrazo.

Lagrimeaba atravesando el terciopelo universal
y mi congoja se derramaba
como los ceniceros cuando fallecen
al sonar la una y cerrarse el bar.


Horrorizada el alba se negaba
a salir de su lecho de solsticios y
mirra.


Hoy se desordenaban mis greñas
con el clima bipolar,
calostro de clorofila y manantial
de muérdago.


Luna de marzo.


Bienvenido invierno,
te llevas el delantal de mi vieja
y me traes el whisky bermejo
de la caoba y el pino.


Un libro que suelta la magia
de un batallón de alter egos,
una fotografía del siglo pasado
donde un tipo teclea su
máquina de escribir,
sacándola de su cajón como
pirata que encuentra su tesoro,
pero que éste,
le palpita en el centro
de su espíritu y su cetro es el sol.


Tic, tac:


Gardel que desde la médula
de una vitrola dice “el día que me quieras”,


Tan, tan:


Una guitarra de palo me canta a capella:
¿Oyes los ecos de libertad, Diana?


Wiii Wiii


Y yo que en un recital de sajinos
le digo “Vamos, te invito a un café”.


Libertad.




A Oscar.
 
Última edición:
“No es tan díficil, no es díficil, conocer el secreto del mundo.



Tener esa llave, que no está oculta en los bosques de las gorgonas, o en los pináculos de Argel,

está ahí, al frente, sacándote la lengua, diciéndote ¡oye, oye!... “







(Oscar King Alpaca)





Babel se despertaba ayer
sobre mis pómulos de grana
y llanto de violonchelo,
cascada de nepente,
brazos de fragata y
hielo seco.


A las tres de la madrugada
hundía mi cabeza en una almohada
de duendes campaneros y
ahorcados, su yermo abrazo.


Lagrimeaba atravesando el terciopelo universal
y mi congoja se derramaba
como los ceniceros cuando fallecen
al sonar la una y cerrarse el bar.


Horrorizada el alba se negaba
a salir de su lecho de solsticios y
mirra.


Hoy se desordenaban mis greñas
con el clima bipolar,
calostro de clorofila y manantial
de muérdago.


Luna de marzo.


Bienvenido invierno,
te llevas el delantal de mi vieja
y me traes el whisky bermejo
de la caoba y el pino.


Un libro que suelta la magia
de un batallón de alter egos,
una fotografía del siglo pasado
donde un tipo teclea su
máquina de escribir,
sacándola de su cajón como
pirata que encuentra su tesoro,
pero que éste,
le palpita en el centro
de su espíritu y su cetro es el sol.


Tic, tac:


Gardel que desde la médula
de una vitrola dice “el día que me quieras”,


Tan, tan:


Una guitarra de palo me canta a capella:
¿Oyes los ecos de libertad, Diana?


Wiii Wiii


Y yo que en un recital de sajinos
le digo “Vamos, te invito a un café”.


Libertad.





A Oscar.




Si Gardel te oyera, cantaría no sólo por los ecos de la libertad. Cantaría porque hacés de la poesía una negrura como manantial.


No deje usted, mi niña DianaDiaf, de guardar esta joya en su equipaje. Sea cual fuere el viaje, sea cual fuere el destino.


Un gran abrazo, querida hermanita.
 
Ecos en la cúspide de lo indeciso y el letargo se queda junto a la puerta que no abre nada y nada enseña al otro lado. Muerde el muérdago Diana, sin ser cazadora ya cazas a los sueños, esos a los que disparas sin haberse bañado antes, los más puros, los más infinitos. Y buscas en un canto la palabra que marchite a un pensamiento y surrealista, cae un lamento, en forma de bálsamo, no para el alma, sino para el suelo de las cosas.

De niña sin ser mutante, que se paseaba entre lapidas amigas, a vencedora vencida que a veces se entrega y otras se esconde. Y dices: ¿Dónde? … Que más da, te responde por allá o por acá tu pensamiento. Llenan los ceniceros, cuatro Benjamines sin sexo y se fuman el resto, dos perros y dos gatos, para hacer ocho en lo más absurdo de una bipolaridad que no es tal. Es duda, como siempre, es indecisión, no se sabe … Quizás sea el lamento de tu mano pidiéndote una poesía. Una de esas maestrías que esgrimes cuando te da la gana o cuando es tal el ahogo, que la música de pianola, ni te reconforta y en un acompasado tango, quieres hacer figuras, donde nadie a pisado.

Sublime imagen del reencuentro y esa mañana que se niega, que te niega y ese alba que suspira, que te suspira. Y quieres la letra de una canción en exclusividad y un rasgar de guitarra que te desnude el alma o te vista los pies descalzos de camino.

Y tu magnifica imagen de mujer de superación, te echas el pelo hacia atrás y le musitas a todos, enanos, putas, escribanos, jueces del páramo, desdoblados de la bisagra del inframundo, dioses caídos en los charcos de barro, esquinas que son más esquinas si son en la comisura de los labios. Tú Diana que desde hace mucho eres libre, hasta de ti misma. Tienes la valentía de invitar a un café, cuando la mayoría no invitarían, huirían.

Me fascinó ese concierto alocado, lleno de verdades que hay que saber leerlas y misterios que hacen laberintos en los altares que repudias. Por eso, cada vez, Diana, eres más y más grande. Con toda mi admiración, cariño, respeto y añoranza …

Un beso de Keko.
 
“No es tan díficil, no es díficil, conocer el secreto del mundo.

Tener esa llave, que no está oculta en los bosques de las gorgonas, o en los pináculos de Argel,
está ahí, al frente, sacándote la lengua, diciéndote ¡oye, oye!... “






(Oscar King Alpaca)





Babel se despertaba ayer
sobre mis pómulos de grana
y llanto de violonchelo,
cascada de nepente,
brazos de fragata y
hielo seco.


A las tres de la madrugada
hundía mi cabeza en una almohada
de duendes campaneros y
ahorcados, su yermo abrazo.

Lagrimeaba atravesando el terciopelo universal
y mi congoja se derramaba
como los ceniceros cuando fallecen
al sonar la una y cerrarse el bar.


Horrorizada el alba se negaba
a salir de su lecho de solsticios y
mirra.


Hoy se desordenaban mis greñas
con el clima bipolar,
calostro de clorofila y manantial
de muérdago.


Luna de marzo.


Bienvenido invierno,
te llevas el delantal de mi vieja
y me traes el whisky bermejo
de la caoba y el pino.


Un libro que suelta la magia
de un batallón de alter egos,
una fotografía del siglo pasado
donde un tipo teclea su
máquina de escribir,
sacándola de su cajón como
pirata que encuentra su tesoro,
pero que éste,
le palpita en el centro
de su espíritu y su cetro es el sol.


Tic, tac:


Gardel que desde la médula
de una vitrola dice “el día que me quieras”,


Tan, tan:


Una guitarra de palo me canta a capella:
¿Oyes los ecos de libertad, Diana?


Wiii Wiii


Y yo que en un recital de sajinos
le digo “Vamos, te invito a un café”.


Libertad.




A Oscar.


ufa comadre ese zapateo se escucha por toda Guate, y los retumbos que decir, placer leerte y difícil lleva acento en la segunda i besos:::sonreir1:::
 
Si Gardel te oyera, cantaría no sólo por los ecos de la libertad. Cantaría porque hacés de la poesía una negrura como manantial.


No deje usted, mi niña DianaDiaf, de guardar esta joya en su equipaje. Sea cual fuere el viaje, sea cual fuere el destino.


Un gran abrazo, querida hermanita.

Realmente no sé qué responder a tu comentario Ciela. Me mueve el corazón, me mueve el espíritu, me mueve la vida. ¿Vos sos quizá uno de esos destinos? No lo sé.

Me siento sensible hoy y me gusta cuando sonrío, tanto como me gusta saber de vos.

Abrazos para vos mi Cielaenorme.
 
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