David Bernal
Poeta recién llegado
Clara bruma sobre un viento de canela
Caen las hojas del otoño con sus penas
Tantos años esperando su regreso
El ocaso anaranjado en mis pupilas
Crecen por doquier las madreselvas
Atrapando con su abrazo al enemigo
Tiempo frío de gélidos recuerdos
Ya florecen dafnias y margaritas
La brecha en mi corazón suena al coserse sola
Un susurro como aquél del viento arcano
El reloj marca la hora de sacudirse
Las legañas y la sangre de las manos
Terminada ya la guerra miro la trinchera
Compañeros como harapos en mis manos
Los gironés de sus cuerpos
Lo que algún día fueron
Deshilachandose hasta convertirse en polvo
Sobre una antigua silla, en una casa abandonada
Nadie me dijo que el cuento acabaría así
De haberlo sabido quizá hubiese actuado diferente
Quizá no, quizá ni estaría aquí
Tal vez estaría solo o enfermo
Enfermo de amargura
De soledad y desesperanza
Puede que mi espalda rota por los ladrillos
Puede que aterrado por los ladridos
De mi propia mente encerrado en un armario
Puede que herido de muerte
Desangrándome en el frente
Nací veterano y con cicatrices
Entrené con los mejores
Hasta dejarme los cuernos
Los amé, y hasta acabé por odiarlos
Ahora simplemente me son indiferentes
Aunque me jode ver sus limitaciones
A veces me gustaría ser pájaro para volar en sus mentes
Otras general para dirigirles en batalla
Pero no son si no arena mis soldados
Y no son si no sueños mis deseos
Al final lo que tengo son mis manos
Y el pecho de mi mujer para acostarme
Y ver pasar el tiempo en el tintero
Secándose, espesando la tinta
Cómo una brea que se pega a mis huellas dactilares
Que se agarra fuerte, metiéndose entre sus grietas
Que me queda si no poemas
Y mentiras que me queman
Que me queda si no el tiempo
De quererte entre mis dedos
Construyendo mi futuro
Con los rizos de tu pelo
Una red que cubra al mundo
Pedacitos de mi vuelo
Que los junto con puntadas
Pa poder pisar el suelo
Caen las hojas del otoño con sus penas
Tantos años esperando su regreso
El ocaso anaranjado en mis pupilas
Crecen por doquier las madreselvas
Atrapando con su abrazo al enemigo
Tiempo frío de gélidos recuerdos
Ya florecen dafnias y margaritas
La brecha en mi corazón suena al coserse sola
Un susurro como aquél del viento arcano
El reloj marca la hora de sacudirse
Las legañas y la sangre de las manos
Terminada ya la guerra miro la trinchera
Compañeros como harapos en mis manos
Los gironés de sus cuerpos
Lo que algún día fueron
Deshilachandose hasta convertirse en polvo
Sobre una antigua silla, en una casa abandonada
Nadie me dijo que el cuento acabaría así
De haberlo sabido quizá hubiese actuado diferente
Quizá no, quizá ni estaría aquí
Tal vez estaría solo o enfermo
Enfermo de amargura
De soledad y desesperanza
Puede que mi espalda rota por los ladrillos
Puede que aterrado por los ladridos
De mi propia mente encerrado en un armario
Puede que herido de muerte
Desangrándome en el frente
Nací veterano y con cicatrices
Entrené con los mejores
Hasta dejarme los cuernos
Los amé, y hasta acabé por odiarlos
Ahora simplemente me son indiferentes
Aunque me jode ver sus limitaciones
A veces me gustaría ser pájaro para volar en sus mentes
Otras general para dirigirles en batalla
Pero no son si no arena mis soldados
Y no son si no sueños mis deseos
Al final lo que tengo son mis manos
Y el pecho de mi mujer para acostarme
Y ver pasar el tiempo en el tintero
Secándose, espesando la tinta
Cómo una brea que se pega a mis huellas dactilares
Que se agarra fuerte, metiéndose entre sus grietas
Que me queda si no poemas
Y mentiras que me queman
Que me queda si no el tiempo
De quererte entre mis dedos
Construyendo mi futuro
Con los rizos de tu pelo
Una red que cubra al mundo
Pedacitos de mi vuelo
Que los junto con puntadas
Pa poder pisar el suelo