Arturo Riquelme
Poeta adicto al portal
Agonizando
en el pináculo de la tiránica
vida
están las horas menguando mi sexo,
ya ni quiere beber del coito primaveral
su olor de piel excitada,
se viene encima la hora ahorcada
la ebria hora del transmuto,
se beben la cerveza de la alfombra,
y nada, no quiere jugar el juego
de la eyaculada mazorca excitada,
los penes se hacen tiffanys,
los testículos chocolates de almendra;
una goma de menta en el orificio
de la naturaleza humana,
como usando la carne a la fuerza y
disfrazada,
una notita en la espalda,
de miel
un tatuaje en su mirada,
la espía que gime la muerte:
la sospechosa del vaso lleno,
el remedio del homicidio babeando
inquietantes olas azucaradas.
Es muy extraño abrazarte en los sueños,
despierto con una característica criminal
en mi vaso,
se llena de nuevo de semen,
soy tanto sosiego como misterio,
en el límite de la alcoba;
tú
y el pensamiento errático de la astucia,
nada resuelve el caso de la carne flácida,
te mereces veinte mil leguas de carne
bien erecta,
ahora la música estancada en mis narices,
soy el detective de tu crimen,
el simulador eléctrico que te hace fiesta,
todo descontrolado acudo a tu llamado
a lamer de nuevo la luna mojada,
otro asesinato llamado gemido
otro descubrimiento de nombre sospechoso
orgasmo asimétrico
de telas aterciopeladas,
como una noche ajustada a la cintura
de mi ingobernable centauro:
en la menor.
en el pináculo de la tiránica
vida
están las horas menguando mi sexo,
ya ni quiere beber del coito primaveral
su olor de piel excitada,
se viene encima la hora ahorcada
la ebria hora del transmuto,
se beben la cerveza de la alfombra,
y nada, no quiere jugar el juego
de la eyaculada mazorca excitada,
los penes se hacen tiffanys,
los testículos chocolates de almendra;
una goma de menta en el orificio
de la naturaleza humana,
como usando la carne a la fuerza y
disfrazada,
una notita en la espalda,
de miel
un tatuaje en su mirada,
la espía que gime la muerte:
la sospechosa del vaso lleno,
el remedio del homicidio babeando
inquietantes olas azucaradas.
Es muy extraño abrazarte en los sueños,
despierto con una característica criminal
en mi vaso,
se llena de nuevo de semen,
soy tanto sosiego como misterio,
en el límite de la alcoba;
tú
y el pensamiento errático de la astucia,
nada resuelve el caso de la carne flácida,
te mereces veinte mil leguas de carne
bien erecta,
ahora la música estancada en mis narices,
soy el detective de tu crimen,
el simulador eléctrico que te hace fiesta,
todo descontrolado acudo a tu llamado
a lamer de nuevo la luna mojada,
otro asesinato llamado gemido
otro descubrimiento de nombre sospechoso
orgasmo asimétrico
de telas aterciopeladas,
como una noche ajustada a la cintura
de mi ingobernable centauro:
en la menor.
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