infeliz?
Feliz
He venido a buscarte,
precisamente como Orfeo lo haría,
ignorando los cuartos de la luna
y la mitad más noble de mí,
que emprendió su camino en la huída
de aquel nuestro inframundo.
Te hinché de caricias violetas
y flotaste a la deriva,
en la laguna eterna del olvido.
Después miraste atrás arrepentida,
por si acaso venía. Y tus ojos estaban ya luchando
contra el velo enmohecido de los míos.
Tus ojos fueron ya sólo el lugar exótico
de mi naufragio.
Un año y vuelvo a ti, para ver si Caronte
te mantiene durmiendo,
para verte enganchada a un último látido,
para ver tus muñecas pidiéndome clemencia,
tus rodillas dobladas en la cruz de los versos,
y los codos sangrando el éxtasis extraño
que nos une como cadena al tiempo.
No quiero la planta entera.
Ya sé..., creo... que no quiero la mandrágora
que crece a la sombra de tu exquisito reclamo.
Sólo quiero volver a aspirar
la fragancia de tus rosas marrones acetiladas,
impregnarme los pulmones del alquitrán magnético
que salpicas cuando entras
y te diluyes en mí, y yo caigo y Caronte se dibuja brillante
en el sueño borroso en que morimos.
Dime que aún estás en las orillas
esperándome,
llenándome de luz y loto
el recodo fangoso de la vida,
extendiendo las blancas azucenas de tus brazos,
para que suelte el tronco que me mantiene a flote
y vuelva a naufragar bajo la luz rosada de mis nardos,
que los dos sucumbamos a aquello que nos une
y nos mantiene vivos
cuando Dios ha dejado de distraernos,
este rato...
Follow me into the desert...
precisamente como Orfeo lo haría,
ignorando los cuartos de la luna
y la mitad más noble de mí,
que emprendió su camino en la huída
de aquel nuestro inframundo.
Te hinché de caricias violetas
y flotaste a la deriva,
en la laguna eterna del olvido.
Después miraste atrás arrepentida,
por si acaso venía. Y tus ojos estaban ya luchando
contra el velo enmohecido de los míos.
Tus ojos fueron ya sólo el lugar exótico
de mi naufragio.
Un año y vuelvo a ti, para ver si Caronte
te mantiene durmiendo,
para verte enganchada a un último látido,
para ver tus muñecas pidiéndome clemencia,
tus rodillas dobladas en la cruz de los versos,
y los codos sangrando el éxtasis extraño
que nos une como cadena al tiempo.
No quiero la planta entera.
Ya sé..., creo... que no quiero la mandrágora
que crece a la sombra de tu exquisito reclamo.
Sólo quiero volver a aspirar
la fragancia de tus rosas marrones acetiladas,
impregnarme los pulmones del alquitrán magnético
que salpicas cuando entras
y te diluyes en mí, y yo caigo y Caronte se dibuja brillante
en el sueño borroso en que morimos.
Dime que aún estás en las orillas
esperándome,
llenándome de luz y loto
el recodo fangoso de la vida,
extendiendo las blancas azucenas de tus brazos,
para que suelte el tronco que me mantiene a flote
y vuelva a naufragar bajo la luz rosada de mis nardos,
que los dos sucumbamos a aquello que nos une
y nos mantiene vivos
cuando Dios ha dejado de distraernos,
este rato...
Follow me into the desert...
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