Rafael Chavez
Poeta adicto al portal
Negra la mirada del celador,
como negra la noche de la muerte.
Así de negro es la suerte,
infeliz del mortal;
en ideales apátridas infernales,
generales de cartón.
Te pido que marches,
las botas no me dejan respirar.
Tus manos
aprietan con fuerza infernal.
¡Ay! De los míos y su destino,
¿Dime Dios mío donde toca el clarín?
Negros nubarrones circulan,
en cuerpos negros de dolor.
Revolotean en el cielo
como horca a su hora meridiana,
la desdicha del pobre, no tiene final.
Maldita la conciencia de mi verdugo.
Me hablas de cordura,
y en los surcos de mi vida,
la amargura es mi cosecha.
Revolotea con fuerza destino infernal;
Vengan malditos y desdichados;
¿Quién dijo que tienen derecho?
¡Ya es la hora!
Salid sarcófago de almas mustias,
deja ver tu inmunda faz.
Para que seguir la hipocresía;
de esta vida infernal, de lo que tú llamas
humanidad de lo que llamas humanidad.
como negra la noche de la muerte.
Así de negro es la suerte,
infeliz del mortal;
en ideales apátridas infernales,
generales de cartón.
Te pido que marches,
las botas no me dejan respirar.
Tus manos
aprietan con fuerza infernal.
¡Ay! De los míos y su destino,
¿Dime Dios mío donde toca el clarín?
Negros nubarrones circulan,
en cuerpos negros de dolor.
Revolotean en el cielo
como horca a su hora meridiana,
la desdicha del pobre, no tiene final.
Maldita la conciencia de mi verdugo.
Me hablas de cordura,
y en los surcos de mi vida,
la amargura es mi cosecha.
Revolotea con fuerza destino infernal;
Vengan malditos y desdichados;
¿Quién dijo que tienen derecho?
¡Ya es la hora!
Salid sarcófago de almas mustias,
deja ver tu inmunda faz.
Para que seguir la hipocresía;
de esta vida infernal, de lo que tú llamas
humanidad de lo que llamas humanidad.