Faustgalen
Poeta recién llegado
Fue la brisa auricular de vaho espectral siendo la hora de Morfeo,
la consciencia de universos paralelos y vacuidad encarnada por Iblis,
El ritual de pasos de un reloj que ascienden hasta la médula oblongada,
que despierta a la hora de los muertos,
donde la convulsión y entrecejo:
del cual, aflora un tercer ojo, emerge de una chistera alada,
y la niebla o estallido, precede a la hoz cortando finalmente el velo de maya.
Treinta y tres, cábala o sincronicidad que precede a la magia,
donde caballos libres se despiden con vehemencia y un canto fúnebre de trompetas estalla sobre la tierra,
Ya padre y madre flotan con media sonrisa por el Leteo, ya retornan la luz a divinos ojos negros que lactan: una tejedora más para el Samsara.
Serendipia o susurros de ángeles de doble daga,
caminando siempre mudos,
junto a un sepulcro de pasto silencioso y brisa tenue de ira ahogada,
y un epitafio para un ego que reza a la nada:
“A salvo del amor,
de las preguntas, la esperanza y conciencia etílica”.
Ora que la danza de una voz libre canta,
dispersa entre campos de olivos y dolor ausente,
sobre parajes multicolor, de épica excelsitud,
una súplica de sollozo lancinante exige la redención,
en el orbe de los sueños,
o nirvana de etérea consciencia,
cae el telón y rayos crepusculares,
iluminan el prisma de una lágrima rodante sobre un carrillo:
acaso un recuerdo de la verdad ausente.
~ Jorge Betancourt, 21 de febrero del 2023.
la consciencia de universos paralelos y vacuidad encarnada por Iblis,
El ritual de pasos de un reloj que ascienden hasta la médula oblongada,
que despierta a la hora de los muertos,
donde la convulsión y entrecejo:
del cual, aflora un tercer ojo, emerge de una chistera alada,
y la niebla o estallido, precede a la hoz cortando finalmente el velo de maya.
Treinta y tres, cábala o sincronicidad que precede a la magia,
donde caballos libres se despiden con vehemencia y un canto fúnebre de trompetas estalla sobre la tierra,
Ya padre y madre flotan con media sonrisa por el Leteo, ya retornan la luz a divinos ojos negros que lactan: una tejedora más para el Samsara.
Serendipia o susurros de ángeles de doble daga,
caminando siempre mudos,
junto a un sepulcro de pasto silencioso y brisa tenue de ira ahogada,
y un epitafio para un ego que reza a la nada:
“A salvo del amor,
de las preguntas, la esperanza y conciencia etílica”.
Ora que la danza de una voz libre canta,
dispersa entre campos de olivos y dolor ausente,
sobre parajes multicolor, de épica excelsitud,
una súplica de sollozo lancinante exige la redención,
en el orbe de los sueños,
o nirvana de etérea consciencia,
cae el telón y rayos crepusculares,
iluminan el prisma de una lágrima rodante sobre un carrillo:
acaso un recuerdo de la verdad ausente.
~ Jorge Betancourt, 21 de febrero del 2023.