Yo me he perdido porque siento
que ya no estoy sino cuando me olvido
Emilio Prados
(MEMORIA DEL OLVIDO)
OLVIDO
Me busco frente la abrupta sierra
en el latido último que se estrelló sin eco
sobre la roca incrédula.
El viento tan suave como la femenina caricia
me recuerda que una vez fui hombre
y habité entre vosotros
En la madrugada todavía silenciosa
interrogo a la estrella que me acompañó anoche
¿porqué te vas porqué te apagas?
Tibia es tu luz
pero es luz
Esquirlas de versos
rotos con la impotencia del mediocre
Papel dañino que me reclama aire
Pero ¿qué aire puede dar un árbol que no da sombra?
La noche vacía sus albañales
en la imponente laguna del desierto
Todavía el lagarto duerme
todavía el dátil se hace lágrima
y mi piel se ofrece como virginal vitela
donde escribir los sollozos de las hienas
Sigo en mis insomnios
orientando a los poetas bohemios que se pierden
jadeantes entre las callejas húmedas
necesitados de un puerto
Como yo también me perdía cuando el ajenjo era mi hálito
cuando en la cama mercenaria yacía junto a mi cadáver
Aquellas noches hechas de huellas y signos
en las que mis manos que recién habían acariciado
las carnes ausentes que me ofrecían caridad
se domían temblorosas esperando un renacer
o el silencio
un silencio de aceros que se oxidan como los héroes muertos.
Mis dedos se extienden hasta las primeras estrellas
rozando apenas la eternidad.
Y un puerto me espera sigiloso entre brumas pestilentes
el puerto aquel puerto desde el que partí hacia el olvido
en el que todavía me encuentro.
que ya no estoy sino cuando me olvido
Emilio Prados
(MEMORIA DEL OLVIDO)
OLVIDO
Me busco frente la abrupta sierra
en el latido último que se estrelló sin eco
sobre la roca incrédula.
El viento tan suave como la femenina caricia
me recuerda que una vez fui hombre
y habité entre vosotros
En la madrugada todavía silenciosa
interrogo a la estrella que me acompañó anoche
¿porqué te vas porqué te apagas?
Tibia es tu luz
pero es luz
Esquirlas de versos
rotos con la impotencia del mediocre
Papel dañino que me reclama aire
Pero ¿qué aire puede dar un árbol que no da sombra?
La noche vacía sus albañales
en la imponente laguna del desierto
Todavía el lagarto duerme
todavía el dátil se hace lágrima
y mi piel se ofrece como virginal vitela
donde escribir los sollozos de las hienas
Sigo en mis insomnios
orientando a los poetas bohemios que se pierden
jadeantes entre las callejas húmedas
necesitados de un puerto
Como yo también me perdía cuando el ajenjo era mi hálito
cuando en la cama mercenaria yacía junto a mi cadáver
Aquellas noches hechas de huellas y signos
en las que mis manos que recién habían acariciado
las carnes ausentes que me ofrecían caridad
se domían temblorosas esperando un renacer
o el silencio
un silencio de aceros que se oxidan como los héroes muertos.
Mis dedos se extienden hasta las primeras estrellas
rozando apenas la eternidad.
Y un puerto me espera sigiloso entre brumas pestilentes
el puerto aquel puerto desde el que partí hacia el olvido
en el que todavía me encuentro.