César Guevar
Poeta que considera el portal su segunda casa
Los ojos pueden encerrar al sol en su afán ontogénico por ser bellos. Yo conozco una mujer que tiene ojos con el tinte de la miel en los iris, alrededor de las pupilas. Curiosamente, nunca he visto esos ojos; he tenido que imaginármelos como se imagina uno el color de un caramelo de miel, o soles tibios peligrosos capaces de quemarlo todo con una sola mirada.
La dueña de esos ojos tiene, además, un sol travieso por dentro. Es inquieta, inteligente, suspicaz, alegre, carismática, dinámica, muy apasionada y completamente difícil de sacar de sus convicciones. Encarna (o “espiritúa”, para ser más precisos así sea con una palabra incorrecta) en su ser todo aquello que los hombres de Abya-Yala, tal vez los del mundo, entendemos que ES una mujer. Ella es un conjunto de cualidades ante el cual uno no puede permanecer indiferente. Un conjunto en el que sobresale la belleza, no necesariamente corpórea, que de esa poco sé puesto que ella guarda celosamente de dejarse ver por ojos que no sean los usuales, sino de la otra clase, la de las almas. Y no debe creerse que se trata de una de esas personas que son toda bondad, dulzura, etcétera. Tuvimos discusiones épicas, separaciones, puñetazos verbales, desencuentros… pero su corazón ha sido más grande que todo el ácido y el amargo que uno haya sido capaz de extraer de “el lado turbio del corazón”.
Por si fuera poco, tiene un manantial inagotable de versos en su cuerpo oceánico. Uno podría representarse a un ser verdiazul luminiscente, brillante, lleno de olas incitantes y con ojos como flores de árnica (pequeñas margaritas amarillas) arrojando caricias escritas sobre todas las personas que le quedan cerca.
Sí, los ojos pueden ser hijos del sol. Los míos son oscuros, comunes y de buena calidad... ojos ya viejos, algo cansados; ojos de la tierra. Los de ella son pedacitos de sol, panalitos de miel que llenan de poesía los espacios que abarcan. ¡Qué suerte tiene uno de encontrarse a veces con ojos así, en personas así… Aunque no los/las haya visto nunca!
Mediados de julio y viernes difícil, 2017. César Guevara.
Última edición: