Marla
Poeta fiel al portal
Solo buscaba abrigar el silencio,
que incubase mi aliento,
hacer del aire una catedral
sin campanas.
La extensión del destino se cernía ante mí
blanca como la infancia.
Ah, pero las sombras muerden
a los perros del cielo.
Un ángel de grisú se adhiere
a la memoria
enhebrando pozos de negrura;
camina
con manos azules
hasta darnos alcance
y tatuarnos un pájaro petrificado
en la sien
del olvido.
Solo buscaba compartir mis peces
moribundos bajo el sol
del insomnio,
abrirlos en canal, mostrar sus vísceras,
alimentar con ellas a las gaviotas del viento.
Pero los peces intentan prolongar su agonía:
aletean en versos oscuros,
respiran en charcos de inquietud,
intuyendo, quizá,
su destino oceánico
bajo la desazón de unos ojos
hambrientos.
que incubase mi aliento,
hacer del aire una catedral
sin campanas.
La extensión del destino se cernía ante mí
blanca como la infancia.
Ah, pero las sombras muerden
a los perros del cielo.
Un ángel de grisú se adhiere
a la memoria
enhebrando pozos de negrura;
camina
con manos azules
hasta darnos alcance
y tatuarnos un pájaro petrificado
en la sien
del olvido.
Solo buscaba compartir mis peces
moribundos bajo el sol
del insomnio,
abrirlos en canal, mostrar sus vísceras,
alimentar con ellas a las gaviotas del viento.
Pero los peces intentan prolongar su agonía:
aletean en versos oscuros,
respiran en charcos de inquietud,
intuyendo, quizá,
su destino oceánico
bajo la desazón de unos ojos
hambrientos.