abcd
Poeta adicto al portal
Ser feliz, un jardín viviente,
con zozobra de remordimiento,
con una firme álgebra de prodigias sensaciones,
con un verbo ciego en la palma de la mano
y dos versos de Verlaine en un agujero del pantalón.
Ser feliz, es tan simple como caminar sin dirección,
como lindar entre la aurora y el ocaso,
o eso un poco tuerto que es tener conflictos bélicos en la cama.
Ser feliz, es unir la ceniza a la sombra,
formar nuevas vidas con gestos de pura ambrosía,
traspasar la imaginación
hasta tocar los sentidos de la poesía inventada.
A mi vengan, los ojos mudos y los soldados tristes,
a mi la noche, a mi el temor de la carne y el olvido de los pasos en mares.
A mi vengan, con la inútil resignación del amor,
vengan a prohibir destierros en el vientre
o a escribir cartas de agua para orientes lejanos.
Yo voy a ser feliz, con mi matemática efímera,
en el declinar de los sueños,
en la no ausente y vana eternidad de un beso,
en los días de lluvia y los caracoles confundidos.
Yo voy a ser feliz, aún muerto,
aún con el rasguido de mi loba
acariciando el ombligo de otro domingo,
o aullando para otra de sus míseras soledades.
con zozobra de remordimiento,
con una firme álgebra de prodigias sensaciones,
con un verbo ciego en la palma de la mano
y dos versos de Verlaine en un agujero del pantalón.
Ser feliz, es tan simple como caminar sin dirección,
como lindar entre la aurora y el ocaso,
o eso un poco tuerto que es tener conflictos bélicos en la cama.
Ser feliz, es unir la ceniza a la sombra,
formar nuevas vidas con gestos de pura ambrosía,
traspasar la imaginación
hasta tocar los sentidos de la poesía inventada.
A mi vengan, los ojos mudos y los soldados tristes,
a mi la noche, a mi el temor de la carne y el olvido de los pasos en mares.
A mi vengan, con la inútil resignación del amor,
vengan a prohibir destierros en el vientre
o a escribir cartas de agua para orientes lejanos.
Yo voy a ser feliz, con mi matemática efímera,
en el declinar de los sueños,
en la no ausente y vana eternidad de un beso,
en los días de lluvia y los caracoles confundidos.
Yo voy a ser feliz, aún muerto,
aún con el rasguido de mi loba
acariciando el ombligo de otro domingo,
o aullando para otra de sus míseras soledades.
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