IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
La tarde se opone al día,
y la noche al recuerdo,
la finitud quiere existir,
aunque la muerte se muera,
aunque no quede rastro de tiempo,
la fría agonía del herido,
del herido por su fe,
por creer en otro humano,
así dios y así el infierno,
danzando sin soñar,
porque no deseamos quemarnos,
sin saber que hundimos el suelo,
que será una condena
aún más gris que la ceniza,
aún más petrificada que todo miedo,
y se deshace el futuro,
entre agujas de tiempo roto,
seguirán los días naciendo,
pero sin alguien que los cuente,
sin alguien que aprecie su existir,
ni a su pasado,
ahora mortal,
por siempre perdido,
y amartelado al fracaso,
al ocaso, inevitable,
de una humanidad que fue consciente.
y la noche al recuerdo,
la finitud quiere existir,
aunque la muerte se muera,
aunque no quede rastro de tiempo,
la fría agonía del herido,
del herido por su fe,
por creer en otro humano,
así dios y así el infierno,
danzando sin soñar,
porque no deseamos quemarnos,
sin saber que hundimos el suelo,
que será una condena
aún más gris que la ceniza,
aún más petrificada que todo miedo,
y se deshace el futuro,
entre agujas de tiempo roto,
seguirán los días naciendo,
pero sin alguien que los cuente,
sin alguien que aprecie su existir,
ni a su pasado,
ahora mortal,
por siempre perdido,
y amartelado al fracaso,
al ocaso, inevitable,
de una humanidad que fue consciente.