romaguce
Poeta recién llegado
La soledad, nuevamente ata su mano a la mía e incoherente a su mustio musitar, tácita, me envuelve con la mortaja de su palabra, que no dice nada,
Que lo dice casi todo.
Pero, ¿cómo describir esta soledad?, su belleza es pasible a la mirada de los días que se cubren con el duelo de mi noche, mientras sus delicadas manos, pasan sobre mi frente la aspereza de lo eterno y repetitivo, que no sabe nada,
Que lo oculta todo.
La soledad, nuevamente me invita a embriagarme con su sed y ha caminar insolado, sobre el floreciente desierto donde guarda las esperanzas vanas, de todos más algunas mías, añejas, que no serán... solo más arena en el reloj del tiempo, interminable.
La soledad, que lo cura todo.
Que lo dice casi todo.
Pero, ¿cómo describir esta soledad?, su belleza es pasible a la mirada de los días que se cubren con el duelo de mi noche, mientras sus delicadas manos, pasan sobre mi frente la aspereza de lo eterno y repetitivo, que no sabe nada,
Que lo oculta todo.
La soledad, nuevamente me invita a embriagarme con su sed y ha caminar insolado, sobre el floreciente desierto donde guarda las esperanzas vanas, de todos más algunas mías, añejas, que no serán... solo más arena en el reloj del tiempo, interminable.
La soledad, que lo cura todo.