IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
Aferrándonos a la tierra,
cuando la muerte
conoce nuestras excusas,
y arremete contra cualquier debilidad,
la senectud del tiempo
se encorva en los límites de la eternidad,
porque el infinito es demasiado,
en cada sueño
nuestro ser percibe su propia inmensidad,
de tiempos sin márgenes,
y márgenes entre horizontes por descubrir,
no hay ley que predomine,
en los umbrales del etéreo sueño,
y aún la muerte consigue atemorizarnos,
comprenderemos
que la huida es también llegada,
que sus senderos son mares,
y sus olas son tiempos, si se quiere,
comprenderemos
que no hay refugio
que nos salve del desierto, que es la mente,
del espacio, que es el vientre
de toda existencia,
la muerte nos buscará
entre deseos infinitos,
de cumbre celestial,
llegaremos juntos,
y venceremos los instantes últimos,
de toda primera certeza,
seremos la aspereza de la duda,
la hermosa fortuna del saber,
que nuestra muerte es vida.
cuando la muerte
conoce nuestras excusas,
y arremete contra cualquier debilidad,
la senectud del tiempo
se encorva en los límites de la eternidad,
porque el infinito es demasiado,
en cada sueño
nuestro ser percibe su propia inmensidad,
de tiempos sin márgenes,
y márgenes entre horizontes por descubrir,
no hay ley que predomine,
en los umbrales del etéreo sueño,
y aún la muerte consigue atemorizarnos,
comprenderemos
que la huida es también llegada,
que sus senderos son mares,
y sus olas son tiempos, si se quiere,
comprenderemos
que no hay refugio
que nos salve del desierto, que es la mente,
del espacio, que es el vientre
de toda existencia,
la muerte nos buscará
entre deseos infinitos,
de cumbre celestial,
llegaremos juntos,
y venceremos los instantes últimos,
de toda primera certeza,
seremos la aspereza de la duda,
la hermosa fortuna del saber,
que nuestra muerte es vida.