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Nocturno en el Sena

León_es

...no soy poeta, solo escribo...

París era un laberinto de hierro y adoquín,

donde el miedo a perdernos era el único mapa

entre tú y yo; dos sombras fugaces en un jardín,

bebiendo el aire que de los labios escapa.


Entre el humo denso de un rincón olvidado,

tus ojos eran brasas, los míos el incendio,

un amor platónico, por el destino negado,

viviendo en el borde de un eterno silencio.


Fue el deseo un látigo de seda y de espina,

un roce en el Louvre, un suspiro en el puente,

esa lujuria blanca que en la piel se adivina

y que quema más fuerte por ser imprudente.


Encuentros fortuitos, azahares del Sena,

donde el alma temblaba ante lo prohibido;

París fue la gloria, París fue la pena,

de amarnos a muerte... sin habernos tenido.

 
Última edición:

París era un laberinto de hierro y adoquín,

donde el miedo a perdernos era el único mapa

entre tú y yo; dos sombras fugaces en un jardín,

bebiendo el aire que de los labios escapa.


Entre el humo denso de un rincón olvidado,

tus ojos eran brasas, los míos el incendio,

un amor platónico, por el destino negado,

viviendo en el borde de un eterno silencio.


Fue el deseo un látigo de seda y de espina,

un roce en el Louvre, un suspiro en el puente,

esa lujuria blanca que en la piel se adivina

y que quema más fuerte por ser imprudente.


Encuentros fortuitos, azahares del Sena,

donde el alma temblaba ante lo prohibido;

París fue la gloria, París fue la pena,

de amarnos a muerte... sin habernos tenido.

La esencia de un amor no correspondido.

Saludos
 
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