nesbith
EL MONSTRUO DEL LAGO.
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Volcando la noche su manto
sobresalen las cenizas
preñadas por su llanto
desprovistas de sonrisas,
etéreo su pecho
vacío el cráneo
con el puño deshecho
y el corazón ígneo.
No hay cal que mitigue la Luna
jamás hubo para su alma esperanza alguna
las puertas del camposanto resguardan
ecos en caracoles hasta que los siglos ardan.
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Volcando la noche su manto
sobresalen las cenizas
preñadas por su llanto
desprovistas de sonrisas,
etéreo su pecho
vacío el cráneo
con el puño deshecho
y el corazón ígneo.
No hay cal que mitigue la Luna
jamás hubo para su alma esperanza alguna
las puertas del camposanto resguardan
ecos en caracoles hasta que los siglos ardan.
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