El terror en sus ojos decía mil cosas:
Estoy arrepentido. No quiero caer.
¡Otro suicidio fallido tenía que ser!.
No lo conozco, nunca lo he visto.
Compartimos un segundo
por el momento es mi mejor amigo.
A su lado hago las preguntas de rigor:
¿Cómo estas? ¿De donde vienes? ¿a dónde vas?
Puedo sentir en mi garganta el temor
¿Qué busca este ser en la mortandad?
En un segundo de distracción
pierde apoyo y cae por la cornisa.
Salto a su lado y desgarro su camisa.
Se me escapa entre los dedos, como una exhalación.
En un momento de gatunos reflejos
sujeto su brazo y resbala aún más.
Llegamos a la posición de bombero
para no dejarlo deslizar.
¡No me dejes caer! Es su grito.
¡No te sueltes! Es el mío.
Veo en sus ojos una nueva realidad:
¡Desea vivir! Y para él, hoy
esa es la única verdad.
Mutuamente nos salvamos aquel día
Empezó una nueva vida y dio sentido a la mía.