Maldonado
Poeta veterano en el Portal
Prosa poética
Mis ojos ven con la luz de la luna, la orilla del acantilado, hay espesura y pánico y las manos tuyas que detienen mi caida hacia la hiel del mar; yo camino viendo la bóveda celeste, -miles de estrellas que no recuerdo su nombre- solo recuerdo el tuyo hermano y no quiero ser sólo tu sangre.
Esa luz brillante que tu ves, yo que tengo hábitos malignos, no es la misma que yo veo, dime como es. A estas horas no hay gaviotas que hagan que me duela la cabeza con sus carcajadas y me siento por un momento en un lugar donde corren un millar de cangrejos, abro paso con navaja en la oscuridad del misterio y no se ve ningun mañana, las estrellas dan vueltas y yo no se a cual escojer, sólo quiero una que me de la suerte y no la puedo sujetar, todas se ven revueltas.
A veces acostado y a veces sentado espero esa luz que llaman un nuevo dia y algo me emociona despues de la noche loca y bohemia, un lejano resplandor que poco a poco ilumina esta barranca en la cual estuve peligrando y no me olvido de tu mano hermano.
De pronto se iluminan cien encrucijadas y pienso; por que no habrá un solo camino bueno que me lleve a tu lugar, -uno sólo y no tantas veredas divididas- póngaseme uno que deje ver el bulto que ocupo en el espacio, donde vea los ojos muertos que odio, de los que me han ignorado, ojos que vieron de reojo mis pasos vacilantes.
Me esfuerzo en levantarme y avanzo entre las piedras, todas ellas sérias pensando que tienen derecho a reprocharme, nadie me conoce, estigma y paradigma; nadie sabe quien soy y yo las veo en caricaturas que gritan demasiado, ¡cállense! Ustedes que hablan de la escoria y la tienen embarrada en su memoria; yo se que todo puedo y todo es mío y nada escojo, porque tu sabes hermano que sólo se hablar en verso y a veces en prosa y he olvidado los negocios.
Por eso dime tú, como es el cálculo de las ecuaciones y los valores de la bolsa, para vestirme tambien de traje; enséñame a acariciar los escritorios, mientras sonríes por las ganancias, porque yo sólo se hacer esto, escribir todo lo que pienso y no quiero ser sólo tu sangre, te quiero y tambien quisiera ser tu orgullo.
Ramón Maldonado V.
28/11/09
Mis ojos ven con la luz de la luna, la orilla del acantilado, hay espesura y pánico y las manos tuyas que detienen mi caida hacia la hiel del mar; yo camino viendo la bóveda celeste, -miles de estrellas que no recuerdo su nombre- solo recuerdo el tuyo hermano y no quiero ser sólo tu sangre.
Esa luz brillante que tu ves, yo que tengo hábitos malignos, no es la misma que yo veo, dime como es. A estas horas no hay gaviotas que hagan que me duela la cabeza con sus carcajadas y me siento por un momento en un lugar donde corren un millar de cangrejos, abro paso con navaja en la oscuridad del misterio y no se ve ningun mañana, las estrellas dan vueltas y yo no se a cual escojer, sólo quiero una que me de la suerte y no la puedo sujetar, todas se ven revueltas.
A veces acostado y a veces sentado espero esa luz que llaman un nuevo dia y algo me emociona despues de la noche loca y bohemia, un lejano resplandor que poco a poco ilumina esta barranca en la cual estuve peligrando y no me olvido de tu mano hermano.
De pronto se iluminan cien encrucijadas y pienso; por que no habrá un solo camino bueno que me lleve a tu lugar, -uno sólo y no tantas veredas divididas- póngaseme uno que deje ver el bulto que ocupo en el espacio, donde vea los ojos muertos que odio, de los que me han ignorado, ojos que vieron de reojo mis pasos vacilantes.
Me esfuerzo en levantarme y avanzo entre las piedras, todas ellas sérias pensando que tienen derecho a reprocharme, nadie me conoce, estigma y paradigma; nadie sabe quien soy y yo las veo en caricaturas que gritan demasiado, ¡cállense! Ustedes que hablan de la escoria y la tienen embarrada en su memoria; yo se que todo puedo y todo es mío y nada escojo, porque tu sabes hermano que sólo se hablar en verso y a veces en prosa y he olvidado los negocios.
Por eso dime tú, como es el cálculo de las ecuaciones y los valores de la bolsa, para vestirme tambien de traje; enséñame a acariciar los escritorios, mientras sonríes por las ganancias, porque yo sólo se hacer esto, escribir todo lo que pienso y no quiero ser sólo tu sangre, te quiero y tambien quisiera ser tu orgullo.
Ramón Maldonado V.
28/11/09
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