Évano
Libre, sin dioses.
Todavía somos negror de universo.
Su luz permanece encerrada
en nosotros.
Todavía.
El ojo más claro que he visto jamás
lucía en la frente de un ternero tendido
en la húmeda yerba de un prado.
¡Ojalá no me hubiese mirado
nunca!
Las otras reses pacían mientras
ese maldito ternero sabía
de su poco tiempo.
Jamás un ojo tuvo tanto,
tanto temor, tanta rabia. Desprecio.
Tanta palabra aun sin mugir.
¡Tanta sabiduría!
Al sacrificio del ternero
se unió la nuca rota de un avaro dueño
que alzaba la muralla de piedra
del prado donde pacían sus reses.
El ojo del ternero no murió.
Pasa de frente a frente,
como testigo de nuestros actos.
Y va creciendo el bendito ojo
con cada nuevo testigo.
Si no abrimos puertas de luz,
si no creamos ojos,
algún día
el negror
del universo
será eterno,
infinito,
Por siempre
en nosotros.
Su luz permanece encerrada
en nosotros.
Todavía.
El ojo más claro que he visto jamás
lucía en la frente de un ternero tendido
en la húmeda yerba de un prado.
¡Ojalá no me hubiese mirado
nunca!
Las otras reses pacían mientras
ese maldito ternero sabía
de su poco tiempo.
Jamás un ojo tuvo tanto,
tanto temor, tanta rabia. Desprecio.
Tanta palabra aun sin mugir.
¡Tanta sabiduría!
Al sacrificio del ternero
se unió la nuca rota de un avaro dueño
que alzaba la muralla de piedra
del prado donde pacían sus reses.
El ojo del ternero no murió.
Pasa de frente a frente,
como testigo de nuestros actos.
Y va creciendo el bendito ojo
con cada nuevo testigo.
Si no abrimos puertas de luz,
si no creamos ojos,
algún día
el negror
del universo
será eterno,
infinito,
Por siempre
en nosotros.