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No hay paja en ojo ajeno. No hay ojos.

Évano

Libre, sin dioses.
Todavía somos negror de universo.
Su luz permanece encerrada
en nosotros.

Todavía.

El ojo más claro que he visto jamás
lucía en la frente de un ternero tendido
en la húmeda yerba de un prado.

¡Ojalá no me hubiese mirado
nunca!

Las otras reses pacían mientras
ese maldito ternero sabía
de su poco tiempo.

Jamás un ojo tuvo tanto,
tanto temor, tanta rabia. Desprecio.
Tanta palabra aun sin mugir.

¡Tanta sabiduría!

Al sacrificio del ternero
se unió la nuca rota de un avaro dueño
que alzaba la muralla de piedra
del prado donde pacían sus reses.

El ojo del ternero no murió.
Pasa de frente a frente,
como testigo de nuestros actos.

Y va creciendo el bendito ojo
con cada nuevo testigo.

Si no abrimos puertas de luz,
si no creamos ojos,
algún día

el negror


del universo



será eterno,



infinito,



Por siempre


en nosotros.
 
Tremendo...
verdad amarga y pura. Curioso que sus confines se comprendan casi siempre al borde.

Siempre es un placer leerte poeta.
saludos.

Es real, compañero, es real este poema. Ese maldito, o bendito ternero me miró este verano de una manera bestialmente profunda. Y es cierto que el dueño de las reses se desnucó un mes después en la obra, cuando yo ya estaba en Barcelona. Ahora, las más de cuarenta reses andarán por los montes de León solas, pues no hay quien las cuide. Ya me contarán cómo acaba esto.

Salu2, compañero.
 
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Es real, compañero, es real este poema. Ese maldito, o bendito ternero me miró este verano de una manera bestialmente profunda. Y es cierto que el dueño de las reses se desnucó un mes después en la obra, cuando yo ya estaba en Barcelona. Ahora, las más de cuarenta reses andarán por los montes de León solas, pues no hay quien las cuide. Ya me contarán cómo acaba esto.

Salu2, compañero.

vergas, el karma es una cosa bien cabrona-

muy buen poema, a como acostumbrás gurú. esa mirada profundísima, negra como el vacío del universo, me recordó el sacrificio ritual al final de apocalypse now - tanto del coronel como del ternero. pero eso de los sacrificios lo vemos en todas las culturas: todos tienen muchas ganas de inmolarse a cambio de un beneficio.

pero, ¿lo hay?

o solo somos la sangre que salpica desde el filo del machete.

salud vicente.
 
vergas, el karma es una cosa bien cabrona-

muy buen poema, a como acostumbrás gurú. esa mirada profundísima, negra como el vacío del universo, me recordó el sacrificio ritual al final de apocalypse now - tanto del coronel como del ternero. pero eso de los sacrificios lo vemos en todas las culturas: todos tienen muchas ganas de inmolarse a cambio de un beneficio.

pero, ¿lo hay?

o solo somos la sangre que salpica desde el filo del machete.

salud vicente.

Si no somos la sangre, lo seremos, seguro.

Tienes razón. Ese hombre, aunque "bueno por inconsciente", solo tenía en la cabeza dinero y trabajo. El karma, supongo. Otros lo llaman mala suerte. Yo lo llamo ganárselo a pulso, pues cuando trabajas 7 días a la semana y 15 horas al día tu cabeza, y en este caso los píes, falla y te caes del andamio y te desnucas. Ahora a ver quién recoge las reses. Andan sueltas por el monte, me han dicho.

Salu2, compañero.
 
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