Orfelunio
Poeta veterano en el portal
Nidos celestiales
Lo que más me sorprendió de aquella cumbre
fue un león con doble cara y cuatro nortes.
Era el tiempo en el espacio una bestia
desgarrando los sentidos a los mundos
colosales fantasías de los hombres.
Una luz, que divisé entre burbujas,
era el todo que ha dado la fortuna
de nacer para morir bajo la sombra
y quizá su recitar, que nos empuja,
tenga el nombre en el anverso de la luna.
Una lánguida mirada, que miraba,
al sol con su despido lapidado,
brilló por un momento en la falange
de ciegos manantiales que lloraban,
al mundo entre la cárceles, dejando
los nidos celestiales del arcángel.
Hubo fuego que consume, nada es frío,
y crea los sabores del insecto,
un cauce abandonado por un río,
y el ser del universo su intelecto.
Inicia su festín la primavera
y despierta por la música y ruidos.
La bestia abandonó la madriguera
y busca la razón de los quejidos.
Dos miraban con los ojos abiertos
y dos lo hacían con el tiempo constante,
unos fueron de las aguas desiertos
y otros andan el camino diamante.
Llegado el fin que la queja despega
me sorprendió ver la bestia en el rumbo
traspasado todo el símbolo omega
y ser el alfa voluntad del conjunto
en una cumbre que jamás se doblega.
Lo que más me sorprendió de aquella cumbre
fue un león con doble cara y cuatro nortes.
Era el tiempo en el espacio una bestia
desgarrando los sentidos a los mundos
colosales fantasías de los hombres.
Una luz, que divisé entre burbujas,
era el todo que ha dado la fortuna
de nacer para morir bajo la sombra
y quizá su recitar, que nos empuja,
tenga el nombre en el anverso de la luna.
Una lánguida mirada, que miraba,
al sol con su despido lapidado,
brilló por un momento en la falange
de ciegos manantiales que lloraban,
al mundo entre la cárceles, dejando
los nidos celestiales del arcángel.
Hubo fuego que consume, nada es frío,
y crea los sabores del insecto,
un cauce abandonado por un río,
y el ser del universo su intelecto.
Inicia su festín la primavera
y despierta por la música y ruidos.
La bestia abandonó la madriguera
y busca la razón de los quejidos.
Dos miraban con los ojos abiertos
y dos lo hacían con el tiempo constante,
unos fueron de las aguas desiertos
y otros andan el camino diamante.
Llegado el fin que la queja despega
me sorprendió ver la bestia en el rumbo
traspasado todo el símbolo omega
y ser el alfa voluntad del conjunto
en una cumbre que jamás se doblega.