Mia Galeano
Poeta recién llegado
Cuando comienza el estupor y los dedos se deslizan sobre la nariz levantando los lentes, comienza el instante que intenta penetrar en la maravilla de decir palabras.
En medio del estupor te recordé, estabas allí, frente a mí sin rastros de arrepentimiento, con incoherentes proyectos que no logro descifrar e irritan mis sentidos generando un gran abatimiento.
Decirte adios sería sencillo si al menos entrara en el registro de tu conciencia. Mas noto tanta confusión en tu mirada que me aterra ver acercarse el desencuentro.
Cambio de ángulos, estreno parpadeos, confío en tus consignas y siempre quedo al costado de ese camino que se adueña de mi y me subyuga para adormecerme en un sinsentido abrumador.
No quiero esperas de distancia ni rosas solitarias.
Porque amor es una cosa y otra muy diferente es la palabra amor.
La palabra resbala de tu boca pero intuyo que no has podido darle significado.
Si te sabias en estado confuso cargado de temores y amores furtivos por qué convocarme para nunca evocarme?
No me ire ni dire un adios entredientes, huir no es de valientes diría mi vecino el gran señor. Y si, bruto y excluido, mas sabe ensamblar la belleza de lo puro con elegante simpleza sin penetrar en el inquietante consumismo que corroe las entrañas.
Artimañas tenemos todos, podriamos usarlas a favor o en contra pero al final de cuentas ni vos ni yo ni nadie evita que la verdad explote y llene el mundo de mágicas cerezas. Lo se, lo se, el mundo raras veces explota y casi siempre implota pero ese escenario no me lo pierdo!
Si tanto te ha dolido que mi alma penetrara en tus recónditos lugares para amplificar tu conciencia y estrenar nuevas miradas, al menos era esperable el desatino de romper una sola vez con tus esquemas de ser tan pero tan dominante.
Ese adios quedará pendiente hasta asegurarme de que entiendas que los grandes amores no entran por las puertas sino por las ventanas.
Mia Galeano
© derechos reservados 2009
En medio del estupor te recordé, estabas allí, frente a mí sin rastros de arrepentimiento, con incoherentes proyectos que no logro descifrar e irritan mis sentidos generando un gran abatimiento.
Decirte adios sería sencillo si al menos entrara en el registro de tu conciencia. Mas noto tanta confusión en tu mirada que me aterra ver acercarse el desencuentro.
Cambio de ángulos, estreno parpadeos, confío en tus consignas y siempre quedo al costado de ese camino que se adueña de mi y me subyuga para adormecerme en un sinsentido abrumador.
No quiero esperas de distancia ni rosas solitarias.
Porque amor es una cosa y otra muy diferente es la palabra amor.
La palabra resbala de tu boca pero intuyo que no has podido darle significado.
Si te sabias en estado confuso cargado de temores y amores furtivos por qué convocarme para nunca evocarme?
No me ire ni dire un adios entredientes, huir no es de valientes diría mi vecino el gran señor. Y si, bruto y excluido, mas sabe ensamblar la belleza de lo puro con elegante simpleza sin penetrar en el inquietante consumismo que corroe las entrañas.
Artimañas tenemos todos, podriamos usarlas a favor o en contra pero al final de cuentas ni vos ni yo ni nadie evita que la verdad explote y llene el mundo de mágicas cerezas. Lo se, lo se, el mundo raras veces explota y casi siempre implota pero ese escenario no me lo pierdo!
Si tanto te ha dolido que mi alma penetrara en tus recónditos lugares para amplificar tu conciencia y estrenar nuevas miradas, al menos era esperable el desatino de romper una sola vez con tus esquemas de ser tan pero tan dominante.
Ese adios quedará pendiente hasta asegurarme de que entiendas que los grandes amores no entran por las puertas sino por las ventanas.
Mia Galeano
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