En la necrópolis azul del día
se mueven los objetos
con el automatismo de unos labios
que expiran, convergentes con el miedo.
En el sarcófago ocular del aire
sólo aparece tierra y visitantes
a dejar unas flores del pasado.
Las manos esqueléticas del tiempo
ya no acarician el diseño vivo
de las fechas, arañan la memoria
sentada a la derecha de mi luto,
crionizan mis ojos forestales
con la virilidad de los jinetes
que dejan tras su paso carcajadas.
se mueven los objetos
con el automatismo de unos labios
que expiran, convergentes con el miedo.
En el sarcófago ocular del aire
sólo aparece tierra y visitantes
a dejar unas flores del pasado.
Las manos esqueléticas del tiempo
ya no acarician el diseño vivo
de las fechas, arañan la memoria
sentada a la derecha de mi luto,
crionizan mis ojos forestales
con la virilidad de los jinetes
que dejan tras su paso carcajadas.