hay que tener hambre de nacer, y -parafraseando a leonel rugama- tener hambre de no morirnos de hambre. por eso las moralidades y las religiones son solo estafas absurdas de cara a las necesidades de alimentar a los hijos y de proteger a la familia.
el hambre de nacer hace fuerte, no creás que no, martín - y es en esa fuerza en la que hay que depositar nuestra fe.
salud.