Limpio mi cara con mis lágrimas; soy tan pobre que ni amor puedo conseguir; a veces me siento ignorada, en ocasiones marginada e insultada. Mi sonrisa es mi égida, mi cara, mis mentiras. Nunca yo. Al papel y al lápiz les confiero mis palabras cuyos significados serán olvidados, pero no borradas como mis cicatrices.