NACIMIENTO DE UN PUEBLO ENTRE ROCAS
De la plana espiral de musgo y piedra
iluminada por los cánticos de la tarde
se desprenden en vuelos rigurosos
mariposas volubles y deseos de pizarra.
Así nació un pueblo entre canchales
con olor a estrellas y a cantueso
piedra humilde como íntima oración
apenas musitada como una canción de cuna.
Grabada sobre el agua entre los juncos
es imagen apenas sugerida
El brillo de unos ojos y unos dedos
que se trenzan mientras rezan.
No pirámide compacta ni obelisco
el pueblo es musgo sobre la piedra sencilla
luz y sombra en rústica orfebrería
con el canto de los gallos en el alba.
Delimitando paseos y chácharas de comadres
las calles empinadas se recrean retorcidas
al amparo de la torre alta y chata
con sus ojos de campana y un reloj.
Velatorios de difuntos gori-goris llorosos de aguardiente
las piedras apenas talladas conforman fachadas de silencios
y las fuentes brotan con rumorosa esclavitud.
A punto está el parto de las higueras.
Chillidos de vencejos tiznan las frentes que vuelven
La lechuza prepara su velada mirando la noche insomne.
Olor a incienso y lamparillas que titilan mientras mueren.
Pueblo que nace de mi deseo de ser pueblo.
De la plana espiral de musgo y piedra
iluminada por los cánticos de la tarde
se desprenden en vuelos rigurosos
mariposas volubles y deseos de pizarra.
Así nació un pueblo entre canchales
con olor a estrellas y a cantueso
piedra humilde como íntima oración
apenas musitada como una canción de cuna.
Grabada sobre el agua entre los juncos
es imagen apenas sugerida
El brillo de unos ojos y unos dedos
que se trenzan mientras rezan.
No pirámide compacta ni obelisco
el pueblo es musgo sobre la piedra sencilla
luz y sombra en rústica orfebrería
con el canto de los gallos en el alba.
Delimitando paseos y chácharas de comadres
las calles empinadas se recrean retorcidas
al amparo de la torre alta y chata
con sus ojos de campana y un reloj.
Velatorios de difuntos gori-goris llorosos de aguardiente
las piedras apenas talladas conforman fachadas de silencios
y las fuentes brotan con rumorosa esclavitud.
A punto está el parto de las higueras.
Chillidos de vencejos tiznan las frentes que vuelven
La lechuza prepara su velada mirando la noche insomne.
Olor a incienso y lamparillas que titilan mientras mueren.
Pueblo que nace de mi deseo de ser pueblo.
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