Arturo Riquelme
Poeta adicto al portal
imagen Internet
Los mundos privados
de las botellas vacías.
Los diálogos sostenidos
en
las
lámparas.
Entre mares de cenizas
en
las
lámparas.
Entre mares de cenizas
pinceladas de humo
en la habitación abierta
y la cerradura de tu
y la cerradura de tu
boca.
Existe el tiempo severo
de las cosas gastadas.
Se puede tomar la infalible
torpeza de beber de las
tumbas; el recuerdo.
Sigo cayendo de las
de las cosas gastadas.
Se puede tomar la infalible
torpeza de beber de las
tumbas; el recuerdo.
Sigo cayendo de las
depresiones inciertas y adictivas,
pastillas circularmente
blancas…
Algo para matar el silencio
blancas…
Algo para matar el silencio
entre los engranajes de
la sociedad atípica
sin saber que estoy
obligado
a despertar.
En este cósmico
juicio de mi ruina
sin saber que estoy
obligado
a despertar.
En este cósmico
juicio de mi ruina
total.
Escribo sin ganas
de escribir.
La pluma vuelve
a la tinta a duras penas
de escribir.
La pluma vuelve
a la tinta a duras penas
a
veces
caigo
de
la
veces
caigo
de
la
desesperación
en cama.
en cama.
Vuelvo hasta el otro invierno
con versos menos extasiados
entre mis números las letras
con versos menos extasiados
entre mis números las letras
se solidifican.
Medio resucitado
vuelvo
vuelvo
al útero de mi madre
mi nombre de hijo es el mismo de mi sonambulismo
las alucinaciones que tengo del teorema de mis días
soy un caos perfecto al amar lo que se extraña.
Voy de cierta manera despegando de otros universos
la única solemnidad que me persigue son mis tripas
disparando traiciones y herejías.
No hay mucho que decir dos mil años después
Todo lo hago imitando al vecino.
Abandone mis cárceles y me sumergí
en la clandestinidad
en mi propio monasterio, oculto del otro yo.
las alucinaciones que tengo del teorema de mis días
soy un caos perfecto al amar lo que se extraña.
Voy de cierta manera despegando de otros universos
la única solemnidad que me persigue son mis tripas
disparando traiciones y herejías.
No hay mucho que decir dos mil años después
Todo lo hago imitando al vecino.
Abandone mis cárceles y me sumergí
en la clandestinidad
en mi propio monasterio, oculto del otro yo.
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