cantosirena
Cantos de Sirena
De rubíes se hastían mis ojos
si traspaso mi lago de plata
y retiro del rostro cien velos
penetrando en un mundo escarlata.
Es un cielo que el dios del Averno
regaló a su Perséfone amada
una vez que bajó a los infiernos
y añoraba la alegre mañana.
Donde el claro de luna es constante
y rojiza su luz penetrante
las mejillas se muestran radiantes
y se bañan en miel los semblantes.
Allí van a parar los amantes
que furtivo su amor condenaron
y su vida de pena llenaron
por el veto de un dios subyugante.
Un aroma de rosa marchita
la añoranza después de una cita
el dulzor de las moras maduras
los suspiros de extrema ternura.
Elixires de vida y de muerte
las nostalgias de niñas doncella
que abandonan la infancia inocente
y extravían el don de su estrella.
Corazones en cofres de bronce
encerrados por puro despecho
que han dejado un vacío maltrecho
como el campo que queda en barbecho.
Un gran árbol del conocimiento
con hermosos frutos de granada
que preside en un monte desierto
el paisaje de hierba morada.
La visión de los ritos de paso
que es lenguaje sagrado de dioses
es la puerta que abre a los goces
y del alma a oscuros resortes.
La llamada que emite la tierra
de sus fondos y negros parajes
es una precio de sangre que exige
despertar la conciencia completa.
Ya es hora de iniciar la partida
al lugar donde ruge la vida
carne, sangre, espíritu, aliento
no está exento de sufrimiento.
La bajada a los inframundos
es del hombre obligada tarea
si es su anhelo entender y el desea
renacer con un juicio profundo.
si traspaso mi lago de plata
y retiro del rostro cien velos
penetrando en un mundo escarlata.
Es un cielo que el dios del Averno
regaló a su Perséfone amada
una vez que bajó a los infiernos
y añoraba la alegre mañana.
Donde el claro de luna es constante
y rojiza su luz penetrante
las mejillas se muestran radiantes
y se bañan en miel los semblantes.
Allí van a parar los amantes
que furtivo su amor condenaron
y su vida de pena llenaron
por el veto de un dios subyugante.
Un aroma de rosa marchita
la añoranza después de una cita
el dulzor de las moras maduras
los suspiros de extrema ternura.
Elixires de vida y de muerte
las nostalgias de niñas doncella
que abandonan la infancia inocente
y extravían el don de su estrella.
Corazones en cofres de bronce
encerrados por puro despecho
que han dejado un vacío maltrecho
como el campo que queda en barbecho.
Un gran árbol del conocimiento
con hermosos frutos de granada
que preside en un monte desierto
el paisaje de hierba morada.
La visión de los ritos de paso
que es lenguaje sagrado de dioses
es la puerta que abre a los goces
y del alma a oscuros resortes.
La llamada que emite la tierra
de sus fondos y negros parajes
es una precio de sangre que exige
despertar la conciencia completa.
Ya es hora de iniciar la partida
al lugar donde ruge la vida
carne, sangre, espíritu, aliento
no está exento de sufrimiento.
La bajada a los inframundos
es del hombre obligada tarea
si es su anhelo entender y el desea
renacer con un juicio profundo.