Aoki Tsubaki
Poeta recién llegado
Observaba,
y observaba,
el mundo turbio
que al mismo tiempo
me devolvía la mirada.
Sus ojos me comían,
me enterraban,
me lanzaban...
Chocaba,
y aún así,
miraba y miraba,
sus ojos tristes;
que lloraban
y gritaban.
Me perseguía,
la derrota del mundo;
me perseguía
triste y moribundo;
su victoria conseguía.
El cuervo,
su fiel cómplice,
se regocijaba de mi tormento,
su burlaba de mis tropezones,
no entendía, no comprendía;
que ¡El mundo me comía!
El fin se acercaba,
era el único que comprendía,
que el mundo estaba triste;
y que sus entrañas;
hambrientas de poder
me perseguían;
y me comían lentamente.
Me comía con sus ojos,
que enfurecidos suplicaban,
y gritaban un consuelo...
Mientras nadie veía;
observaba y observaba;
al mundo que con sus ojos me comía.
y observaba,
el mundo turbio
que al mismo tiempo
me devolvía la mirada.
Sus ojos me comían,
me enterraban,
me lanzaban...
Chocaba,
y aún así,
miraba y miraba,
sus ojos tristes;
que lloraban
y gritaban.
Me perseguía,
la derrota del mundo;
me perseguía
triste y moribundo;
su victoria conseguía.
El cuervo,
su fiel cómplice,
se regocijaba de mi tormento,
su burlaba de mis tropezones,
no entendía, no comprendía;
que ¡El mundo me comía!
El fin se acercaba,
era el único que comprendía,
que el mundo estaba triste;
y que sus entrañas;
hambrientas de poder
me perseguían;
y me comían lentamente.
Me comía con sus ojos,
que enfurecidos suplicaban,
y gritaban un consuelo...
Mientras nadie veía;
observaba y observaba;
al mundo que con sus ojos me comía.