XAnnX
Poeta adicto al portal
Siempre pensé que era una persona normal, así todo el mundo pensaba, me hicieron creer eso. Hoy me doy cuenta que no lo soy, simplemente soy mejor, tengo más que un gran genio, pues he matado a alguien y aún no me han descubierto. Recuerdo que el sólo ver que ella se acercaba me volvía loca, su manera de hablar sin parar, su cabello negro mal peinado, sus dientes en forma de flecha mal oliente, su extraña manera de caminar, su forma tan peculiar de vestirse y ese olor tan repugnante… Absolutamente tenía que matarla, de alguna manera debía morir, así es que comencé a maquinar mi plan. Pasaron tres días que lidié con ella, conociéndola me convencí que debía morir, si no lo hacía fastidiaría tanto al mundo como lo hacía ahora conmigo, no lo podía permitir. Entonces la invité al siguiente día a mi casa con el pretexto de ver películas y la joven maloliente acepto. Nunca sospechó nada de lo que yo pretendía.
Al día siguiente, antes de que ella llegara, prepare cada una de las cosas con las que iba a torturarla, tanto como me ha torturado ella a mí. Les contaré mi gran plan y se darán cuenta que simplemente soy genial, me darán la razón, ya lo verán.
Cuando llego la hice pasar y la golpeé en la cabeza para que perdiera la conciencia, agarré su asqueroso y pesado cuerpo tendido en el suelo y lo puse en una silla de madera antigua, una que luego quemaría para no dejar evidencia. Espere a que recobrara la consciencia y comencé a pegarle con un bate que era de mi padre, le pegue tanto que quedo de nuevo inconsciente. Lo único que hacía era preguntarme “¿Por qué lo haces?” ¡Pero que tonta! ¿Por qué más lo haría? ¡Porque no te soportó!- le grite desesperada- ¡Porque no soporto más que te acerques a mi, porque no aguanto más ese olor tan roñoso que siempre cargas, porque no me gusta como caminas ni tampoco como me hablas! ¡Estoy harta de ti! Y no voy a dejar que nadie más sufra por ti, insoportable criatura.
La dejé un rato inconciente, supuse había muerto. Había sangre por todos lados y su cuerpo estaba con una mezcla entre rojo y morado. Fui a la cocina a buscar mi cuchillo de cortar carne para terminar mi trabajo. Le corte primero las manos y las metí en la bolsa negra que tenía a mi lado, seguí con el ante brazo y sentí que se movió, pero no importa, si no murió con los golpes pues morirá desangrada en partes -pensé. Continué con la cabeza, el tronco, las piernas, y los pies. Una vez que terminé y metí todas las partes en la bolsa, salí al horno de leña que tengo en el patio de atrás. Yo estaba bañada en sangre, pero estaba segura de que nadie me vería. Prendí la leña y esperé un rato, metí cada parte de su miserable cuerpo allí y se fueron quemando poco a poco. Olía a carne quemada, pero no me importó, ningún vecino preguntaría nada, en mi casa se hacen parrillas siempre y no se imaginarían mi macabra e inteligente hazaña.
Limpié el gran río de sangre que había dejado en la sala, limpié también el bate, el cuchillo y la poca sangre que goteó la bolsa camino al horno, todo quedo limpio aunque aún yo andaba con la ropa llena de sangre, debía deshacerme de ella. Así que me dirigí a mi cuarto y me metí en el baño, me bañé tranquilamente, me sentía muy aliviada por librar al mundo de una peste más. Salí de allí y luego de estar vestida con ropa limpia agarré la ropa manchada y la quemé también, junto con la silla donde la tenía amarrada.
Cuando el horno se quedó sin fuego agarré las cenizas y las puse en una bolsa negra, junto con todas las cenizas de los ceniceros que tenía en la casa para que si revisaban nadie sospechara. Boté la bolsa afuera y esperé a que el camión de basura la recogiera. ¡Listo! Plan ingenioso realizado. Nadie me preguntó por esa mujer fastidiosa, su familia piensa que fue secuestrada y yo no dije una palabra más de ella. Ahora estoy tranquila y feliz en mi casa porque ya no hay nadie que me moleste…
Al día siguiente, antes de que ella llegara, prepare cada una de las cosas con las que iba a torturarla, tanto como me ha torturado ella a mí. Les contaré mi gran plan y se darán cuenta que simplemente soy genial, me darán la razón, ya lo verán.
Cuando llego la hice pasar y la golpeé en la cabeza para que perdiera la conciencia, agarré su asqueroso y pesado cuerpo tendido en el suelo y lo puse en una silla de madera antigua, una que luego quemaría para no dejar evidencia. Espere a que recobrara la consciencia y comencé a pegarle con un bate que era de mi padre, le pegue tanto que quedo de nuevo inconsciente. Lo único que hacía era preguntarme “¿Por qué lo haces?” ¡Pero que tonta! ¿Por qué más lo haría? ¡Porque no te soportó!- le grite desesperada- ¡Porque no soporto más que te acerques a mi, porque no aguanto más ese olor tan roñoso que siempre cargas, porque no me gusta como caminas ni tampoco como me hablas! ¡Estoy harta de ti! Y no voy a dejar que nadie más sufra por ti, insoportable criatura.
La dejé un rato inconciente, supuse había muerto. Había sangre por todos lados y su cuerpo estaba con una mezcla entre rojo y morado. Fui a la cocina a buscar mi cuchillo de cortar carne para terminar mi trabajo. Le corte primero las manos y las metí en la bolsa negra que tenía a mi lado, seguí con el ante brazo y sentí que se movió, pero no importa, si no murió con los golpes pues morirá desangrada en partes -pensé. Continué con la cabeza, el tronco, las piernas, y los pies. Una vez que terminé y metí todas las partes en la bolsa, salí al horno de leña que tengo en el patio de atrás. Yo estaba bañada en sangre, pero estaba segura de que nadie me vería. Prendí la leña y esperé un rato, metí cada parte de su miserable cuerpo allí y se fueron quemando poco a poco. Olía a carne quemada, pero no me importó, ningún vecino preguntaría nada, en mi casa se hacen parrillas siempre y no se imaginarían mi macabra e inteligente hazaña.
Limpié el gran río de sangre que había dejado en la sala, limpié también el bate, el cuchillo y la poca sangre que goteó la bolsa camino al horno, todo quedo limpio aunque aún yo andaba con la ropa llena de sangre, debía deshacerme de ella. Así que me dirigí a mi cuarto y me metí en el baño, me bañé tranquilamente, me sentía muy aliviada por librar al mundo de una peste más. Salí de allí y luego de estar vestida con ropa limpia agarré la ropa manchada y la quemé también, junto con la silla donde la tenía amarrada.
Cuando el horno se quedó sin fuego agarré las cenizas y las puse en una bolsa negra, junto con todas las cenizas de los ceniceros que tenía en la casa para que si revisaban nadie sospechara. Boté la bolsa afuera y esperé a que el camión de basura la recogiera. ¡Listo! Plan ingenioso realizado. Nadie me preguntó por esa mujer fastidiosa, su familia piensa que fue secuestrada y yo no dije una palabra más de ella. Ahora estoy tranquila y feliz en mi casa porque ya no hay nadie que me moleste…