Cristina Chaca
Poeta recién llegado
Tendré que cambiar cortinas y ese reloj de tics-tacs viejos.
Las paredes piden blancos de sótanos a terrazas.
Descolgaré fotografías y cuadros, ladrones de espacio que sólo hablan de inexistencias.
Tendré que cambiarlo todo; todo ha cambiado.
Transformaré muros en más puertas y ventanas.
Reciclaré rincones, tan pequeños, en los que no quepa nada, casi nada.
Hay sol para lavar recuerdos y volver a guardarlos entre espigas de lavanda.
Quitaré a mi paso todo objeto de tropiezo, y quebraré los espejos de tanta monotonía.
Pondré candado a la insolencia.
¡El sillón se queda!
Voy a dormir.
Necesito salirme de mi vida una rato.
Cuando despierte, mi nombre será mi casa.
© Cristina Chaca
Las paredes piden blancos de sótanos a terrazas.
Descolgaré fotografías y cuadros, ladrones de espacio que sólo hablan de inexistencias.
Tendré que cambiarlo todo; todo ha cambiado.
Transformaré muros en más puertas y ventanas.
Reciclaré rincones, tan pequeños, en los que no quepa nada, casi nada.
Hay sol para lavar recuerdos y volver a guardarlos entre espigas de lavanda.
Quitaré a mi paso todo objeto de tropiezo, y quebraré los espejos de tanta monotonía.
Pondré candado a la insolencia.
¡El sillón se queda!
Voy a dormir.
Necesito salirme de mi vida una rato.
Cuando despierte, mi nombre será mi casa.
© Cristina Chaca