Ricardo Lascano
Poeta recién llegado
Nos hemos quedado solos.
Tu, con los ojos muertos, no sé...
Yo, queriendo ser luz o mar.
Afuera, el cielo que se llenaba de nubes se ha marchado
y nos hemos quedado solos,
tu y yo,
con la noche
a susurrarnos olvidos que se encrespan caprichosos
en lindes de memorias.
Ahora,
que la noche es un cristal que romperemos,
tu sin vértigo,
yo sin miedo,
ahora, que ha dejado el crepúsculo su domaje
y es solo un niño jugando con sus manos de otoño,
ahora, que la luz que nunca alcanzamos
nos da esferas vírgenes en las manos,
ahora que has comprendido cuan insignificante fue el beso
que guardabas en los labios,
y que los anhelos se deshojan en veredas que nadie tocará,
ahora que sé que guardas puertos vacíos
y haces equilibrio en los bordes de un abismo
sin saber porqué detienes la caída,
ahora,
que nos hemos quedado solos,
tu y yo,
Cuéntame de tu dolor.
Tu, con los ojos muertos, no sé...
Yo, queriendo ser luz o mar.
Afuera, el cielo que se llenaba de nubes se ha marchado
y nos hemos quedado solos,
tu y yo,
con la noche
a susurrarnos olvidos que se encrespan caprichosos
en lindes de memorias.
Ahora,
que la noche es un cristal que romperemos,
tu sin vértigo,
yo sin miedo,
ahora, que ha dejado el crepúsculo su domaje
y es solo un niño jugando con sus manos de otoño,
ahora, que la luz que nunca alcanzamos
nos da esferas vírgenes en las manos,
ahora que has comprendido cuan insignificante fue el beso
que guardabas en los labios,
y que los anhelos se deshojan en veredas que nadie tocará,
ahora que sé que guardas puertos vacíos
y haces equilibrio en los bordes de un abismo
sin saber porqué detienes la caída,
ahora,
que nos hemos quedado solos,
tu y yo,
Cuéntame de tu dolor.