manfredibona
Poeta recién llegado
No vayas tan deprisa, dijo.
Como no.
La luna al fin era verde,
como los marcos de la ventana.
Al fondo del pasillo,
de techos altos y columnas,
estaba el reloj de arena,
aquel que tanto había añorado.
Tenemos que volver, dijo.
Yo no.
Hoy moriré aquí,
donde mi cabeza había vivido.
Como no.
La luna al fin era verde,
como los marcos de la ventana.
Al fondo del pasillo,
de techos altos y columnas,
estaba el reloj de arena,
aquel que tanto había añorado.
Tenemos que volver, dijo.
Yo no.
Hoy moriré aquí,
donde mi cabeza había vivido.